Por: José Roberto Acosta

El enredo europeo

Dejar que Grecia colapse o que Portugal se defienda sola o que Irlanda sea una economía fallida no parece estar en el repertorio europeo, y por ello España hace méritos para incluirse en el grupo de ovejas negras que necesitan que Papi (Alemania) y Papi (Francia) respondan por ellos.

Desde que en Estados Unidos dejaron quebrar a Lehman Brothers en septiembre de 2008, desatando la peor crisis desde 1930, ha cundido el pánico de que no responder por gigantes en problemas signifique el contagio del riesgo en todo el sistema. Pero también, alcahuetear eternamente la irresponsabilidad fiscal y falta de regulación de estas economías puede llevar a toda la Unión Europea a pagar un costo sin precedentes e impagable.

Ni siquiera en el peor momento de la crisis de la deuda externa de América Latina en los pasados años ochenta se vieron déficit fiscales tan escandalosos como el de Irlanda, que ascienden al 33% de su PIB, o un desfase entre ingresos y gastos fiscales como los vistos en Grecia y Portugal que ponen en duda el funcionamiento de su burocracia el próximo mes. En aquella época, nuestra región tuvo que someterse a fuertes devaluaciones de sus monedas, recortes de gasto social tremendos, aumento de impuestos sin precedentes y restricciones a su población, que terminaron bautizando ese periodo como la “década perdida de América Latina”.

Con una España sufriendo desempleo del 20% y un crecimiento casi nulo de su PIB, a Mami y Papi le costará por lo menos hipotecar la casa para salir del problema. El mercado ya se dio cuenta y descolgó el valor del euro en 7% el último mes, a la espera de si la alcahuetería sigue o si, al final, los hijos malcriados deberán recibir castigo. El escenario es cada vez más indicativo hacia una salida dolorosa y Colombia debería estar provisionando solvencia fiscal para el choque que se viene en los mercados internacionales.

Nuestro país sigue preocupado por la debilidad del dólar, pero habrá que sumarle la debilidad del euro, de tal modo que sólo quedan economías emergentes como las china, brasileña o india para nuestras exportaciones no tradicionales. Pero sin carreteras, con el agua al cuello y la corrupción sin límite, será un enredo lograrlo.

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