Por: Manuel Drezner
El arte y la cultura

El Ensamble Barroco de Bogotá

El Ensamble Barroco de Bogotá, una valiosa iniciativa de un grupo de músicos interesados en divulgar la música de ese período, presentó en el Teatro Santo Domingo casi todos los conciertos para clavecín de Bach, con diferentes solistas y el director-violinista Adrián Chamorro interpretando ese legado único, que tiene el interés adicional de haber sido Bach quien inventó el concierto para clavecín, igual que Händel inventó el de órgano. Faltó un concierto, el Brandemburgués cuarto, para que de verdad se tocaran todas las obras de ese género de Bach, pero lo que se oyó fue de muy buen logro musical y de gran finura. El conjunto para la sección orquestal fue de un instrumento por parte, aunque, a juzgar por documentos de la época de Bach, en especial la lista de honorarios pagados a los músicos, muy posiblemente el músico usaba un grupo más nutrido en sus interpretaciones. Es probable que los puristas alcen un grito al cielo, pero creo que al interpretar esos conciertos en un recinto mucho más grande de aquel para el cual las obras se compusieron originalmente, hubiera sido aconsejable el uso de una amplificación electrónica moderada que permitiera escuchar mejor a los solistas que en muchos momentos, y a pesar de lo exiguo del acompañamiento, tuvieron tendencia a perderse. La verdad es que ya son muchas las salas que al presentar conciertos con clavecín hacen uso de amplificación, lo cual, así no sea auténtico, redunda en mejor goce de lo que se está tocando.

Lo anterior no son críticas sino sugerencias, ya que un esfuerzo tan noble y de tan buen gusto merece ser mejorado para acercarse a ese ideal al que es tan difícil llegar. Lo cierto es que la presentación de este ciclo es un punto alto en la programación del teatro, más si se tiene en cuenta que en su inmensa mayoría se trató de una iniciativa nacional con artistas colombianos de alta categoría. Que el público haya llenado la sala en la sección que se le destinó, muestra que ya se están formando importantes audiencias nuevas y que la labor educativa que se ha hecho en los últimos años no ha caído en el vacío.

Debe tenerse en cuenta, además, que en forma simultánea en la Sala Estudio del teatro se estaba presentando otro concierto, igualmente interesante, con música contemporánea que incluyó el Nocturno de Schoeck y la hermosa Playa de Dover de Barber, además del estreno de otra obra, y que esta presentación igualmente se llenó. Claro que al programar dos conciertos simultáneamente crearon un dilema al amante de la música, que debió escoger entre dos eventos musicales de alta calidad.

Ojalá que un dilema de ese tipo no se vuelva a presentar y se ajuste la programación en tal forma que el melófilo pueda acceder a los dos frutos exquisitos que se ofrecían.

 

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