El entorno presidencial del exsenador

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Álvaro y Santiago Uribe han mantenido lazos fraternales con otra pareja de hermanos, Luis Alberto y Juan Guillermo Villegas, durante por lo menos 36 años. A estos cuatro personajes los han unido tantas vecindades, tantos negocios, tantos intercambios de tierras, tantos intereses abiertos y secretos, que bien podrían conformar una sola familia. No obstante que los Uribe y los Villegas pertenecen a una clase privilegiada de empresarios del campo, sus nombres han figurado, a lo largo del tiempo, en procesos penales de tribunales ordinarios y especializados aunque, tal vez por su condición social, los jueces no logran alcanzarlos. Ha recibido mayor atención judicial, sin llegar al castigo merecido, otra pareja de hermanos vinculados, también, por amistad y negocios con los Uribe y con los Villegas: Pedro y Santiago Gallón Henao, de tal manera que el círculo “parental” de los poderosos caballistas del nordeste antioqueño se puede ampliar a seis, según los rastros de la historia escrita en los expedientes. Una sociedad ganadera de los Gallón Henao compró la mitad de la hoy famosa hacienda Guacharacas, a la firma Uribe Vélez Asociados Ltda., como lo reveló el columnista Yohir Akerman. Estos Gallón integraron la denominada Lista Clinton, en donde se encuentran empresas y personas cuyos bienes provienen del narcotráfico. Santiago Gallón ha entrado y salido de prisión desde comienzos del 2000; fue condenado por financiar a 300 paramilitares en la región de Amagá y fue procesado por encubrir el asesinato del jugador Andrés Escobar y, más recientemente, por pertenecer a una red internacional de comercio de cocaína.

Álvaro Uribe ha sido el de mayor fortuna entre los seis ganaderos. Pese a que ha sido mencionado desde finales de los años 90 por testigos que lo involucran, así como a Santiago, su hermano, y a sus carnales Luis Alberto y Juan Guillermo Villegas en la conformación del Bloque Metro, del paramilitarismo que habría nacido y operado en la finca Guacharacas, mitad Uribe-mitad Gallón, para “limpiar” de supuestos guerrilleros y cuatreros las zonas cercanas a sus propiedades, no hay ningún avance investigativo en su caso. Tampoco ha habido evolución procesal en el grueso expediente en que se pretende descubrir si el exsenador tuvo responsabilidad en las masacres de La Granja y El Aro y en el asesinato del veedor ciudadano Jesús María Valle, entre 1996 y 1998. El caso en contra del líder del Centro Democrático que más avances ha tenido es, curiosamente, el de menor sanción penal por el tipo de delitos investigados: soborno a testigos (para torcer sus declaraciones a su favor) y fraude procesal. La única decisión que ha afectado al jefe político de 10 millones de colombianos fue la de su detención domiciliaria durante mes y medio. Si se considera la gravedad de los hechos en que se compromete, así sea de manera preliminar, su conducta, esa medida de aseguramiento transitoria es, apenas, una caricia judicial.

Su hermano Santiago enfrenta desde hace cuatro años y ocho meses un juicio como corresponsable del asesinato de un conductor de bus de Yarumal, norte de Antioquia, al que habrían ejecutado, por ser sospechoso de robo, miembros del grupo paramilitar los 12 Apóstoles, al que se le atribuyen decenas de crímenes y del que Santiago Uribe sería su jefe y financiador. El aliado y socio de los Uribe Vélez, Luis Alberto Villegas, según recuerda magnífico informe de El Espectador publicado el pasado puente festivo, fue asesinado en 2004 por beneficiarse del negocio de las drogas ilícitas y del robo de gasolina sin permiso del Bloque Central Bolívar al que pertenecía, según confesión hecha por sus compañeros exparamilitares cuando se acogieron a la ley de Justicia y Paz. Y su hermano Juan Guillermo, el sobreviviente de la familia Villegas, sigue siendo el contertulio y amigo de Álvaro Uribe: decenas de conversaciones entre ellos dos fueron legalmente interceptadas por orden de la Corte Suprema en 2018 y 2019. En esas grabaciones consta la intensa tarea desarrollada por Villegas para incidir en la familia de Juan Guillermo Monsalve, principal testigo contra Uribe Vélez en el caso Guacharacas. A Villegas es a quien Uribe le dice: “Esos hijuep... nos están oyendo”, refiriéndose a los magistrados de la Sala Penal de la Suprema. Recuerden que quien así se expresa representó la majestad nacional. Juan Guillermo Villegas también se beneficia de la parálisis selectiva de la justicia: es sujeto de investigación penal en la creación de los 12 Apóstoles, en la comisión de decenas de sus crímenes, en la conformación del Bloque Metro, en la manipulación de testigos del proceso Uribe. Y hasta en intento de desviar la acción judicial junto con el detenido abogado del exsenador, Diego Cadena. Viendo el entorno familiar, social y territorial del señor expresidente de la República, uno comprende lo que parece incomprensible para sus seguidores.

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