Por: Antonio Casale

El espectáculo

Hablábamos con Freddy Rincón el otro día en el programa de radio y nos decía que ve todo el fútbol que puede por televisión, pero que es muy difícil pasar de disfrutar del Manchester City por la mañana a ver el fútbol colombiano en las tardes y noches, por las evidentes diferencias en todos los sentidos.

Seguramente, Rincón ve sólo a los equipos estelares de cada liga europea. No me lo imagino intentando ver un Getafe vs. Levante. En materia de emociones, mientras el televidente sea seguidor de uno de los equipos en contienda, siempre será más atractivo ese juego que cualquier otro. En ese sentido, tiene ventaja la Liga colombiana, al menos en el público adulto, pues está visto que los niños cada vez más se hacen primero hinchas de un equipo europeo que de uno local.

Por un lado, es entendible. En la pantalla compiten las mañanas, que incluyen las principales ligas del mundo, con los mejores jugadores del planeta,  y las tribunas llenas, contra las noches del fútbol local, en donde la mayoría de estos aspectos brillan por su ausencia.
Aquí es imposible traer a los mejores del mundo (esto no es cuestión de nivel; en Europa también se juegan partidos malos), llenar las tribunas es cada vez más difícil por múltiples factores, entre los que se incluyen la inseguridad y, sobre todo, la pobre experiencia que se ofrece al consumidor por un precio alto. Que las canchas estén siempre en excelente estado no depende de los clubes, porque los estadios no son propios.

Pero hay mucho por hacer para mejorar el espectáculo. Ahí está la clave. Desde los jugadores, que pierden demasiado tiempo cuando les conviene o engañan al árbitro, pasando por los directivos de clubes relleno, que no están interesados en ser competitivos sino en vender algún jugador pronto, razón por la cual arman nóminas pobres, y la nula iniciativa por hacer de la experiencia de ir al fútbol una importante fuente de ingresos en la medida en que sea agradable, familiar y acogedor el plan. También, entendiendo que hay imprevistos, como el paro de Avianca, asegurarse de que en todas las fechas podamos ver a todos los equipos grandes en acción.

El fútbol colombiano cuenta con la cercanía de sus equipos con la gente y la tradición, que en teoría debe transferirse entre generaciones. Ese es su mayor activo. El presidente de la Dimayor y varios directivos estuvieron en Alemania firmando un convenio con la Bundesliga, un campeonato que, sin contar con los mejores jugadores, es muy atractivo. Ojalá traigan ideas ejecutables a corto plazo para mejorar el espectáculo, porque cada vez son más los que, como Freddy Rincón, le pierden el interés a una liga que necesita ofrecer elementos que atraigan. De lo contrario, cada día será más difícil de disfrutar.

 

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