Por: Felipe Zuleta Lleras

El Estado asesino

SÓLO QUIENES HEMOS TENIDO LA oportunidad de conocer a las madres de los muchachos asesinados por las Fuerzas Militares en Soacha, les damos la monstruosa dimensión a estos crímenes de Estado; crímenes de lesa humanidad.

La manera cobarde y vil como estos muchachos fueron —mediante engaños— sacados de su terruño, y bajo promesas falsas de conseguirles empleos, no tiene calificativo posible ni en las sociedades más bárbaras. La ventaja obtenida, aprovechando la pobreza de estos jóvenes y sus familias, para poder ejecutarlos y cobrar las recompensas, no produce nada distinto que una repugnancia indescriptible. La manera sistemática como se orquestaron los crímenes no puede menos que producirnos espanto, horror, tristeza.

Pero apenas equiparable con esos crímenes es la actitud cobarde y claramente repulsiva del Gobierno Nacional en cabeza del Sr. Uribe, quien salió a los medios de comunicación a acusar, sin fundamento, como suele hacerlo, a estos jóvenes de ser guerrilleros. Recuerdo cuando dijo que esos jóvenes “no salieron con el propósito de trabajar, de recoger café”.

Las madres de esos muchachos, humildes, pobres y desamparadas por el Estado asesino, tuvieron que endeudarse en varios millones de pesos para pagar el transporte de los cadáveres de sus hijos hasta Soacha y sufragar los gastos funerarios. Y todo esto porque el gobierno del Sr. Uribe tiene como política no reconocerles ningún beneficio a las víctimas del Estado, en una clara violación de la Constitución Nacional, que reconoce la igualdad para todos los colombianos.

Pero claro, si los hijos del Ejecutivo son amenazados de muerte a través de Facebook, todo el Estado se mueve para investigar de dónde provienen las amenazas; pero como en el caso de Soacha se trata de muchachos humildes y asesinados por el Estado, allí ocurre todo lo contrario. Todos los estamentos corren para ver cómo tapan, ocultan, desvirtúan esos crímenes. A tal punto que tienen la desfachatez de llamarlos “falsos positivos”. ¿Acaso habrá algo más verdadero y menos positivo que el asesinato de un hijo?

Pero ahí no para todo. En un gesto de complicidad con el Sr. Uribe, el gobernador de Cundinamarca, Andrés González, no ha hecho absolutamente nada por esas familias. Muchas de esas madres vivían de los pocos centavos que hacían sus hijos. Pero el departamento de Cundinamarca no existe para esas familias, como tampoco existen los millones de ciudadanos que viven en total pobreza en Soacha. Es que eso no produce réditos políticos ni es popular. En cambio la Alcaldía de Bogotá sí ayudó con algo a unas pocas madres de Soacha.

Mientras en los Estados Unidos los particulares le pagan millones a un ciudadano que se quema con un café caliente, en Colombia la muerte de un hijo a manos del Estado no es indemnizada, pero en cambio, los medios de comunicación le dan más despliegue al crimen de un hipopótamo. ¡Qué asco!

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