El Estado para los vulnerables

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Se discute cuál debe ser el rol del Estado en la gestión de la crisis generada por el COVID-19, en la medida en que se ha podido advertir que es una variable esencial en el resultado del manejo de la pandemia. Cuando se analizan los resultados de los diferentes países, la diferencia la hacen las medidas que han adoptado los gobiernos: confinamientos más tempranos, más extendidos y rigurosos inciden en el número de contagios, el número de muertes y en el fortalecimiento de los sistemas de salud.

Igualmente, los paquetes de medidas económicas y de programas de protección social inciden directamente en la afectación de las economías —y en su posterior recuperación— y en mejorar las condiciones de vida de los sectores vulnerables que necesitan de la protección estatal, ya que los mecanismos del mercado han demostrado su incapacidad para atender una situación de esta magnitud. Esto no supone necesariamente el colapso del capitalismo, como algunos lo pregonan, pero sí una profunda reflexión sobre cuál debe ser el papel del Estado en una sociedad, medido por grados de intensidad y magnitud de esa intervención y los instrumentos de política para desarrollarla.

El debate sobre lo qué puede hacer o no el Estado para enfrentar la pandemia es diferente en Colombia, donde la presencia estatal en el territorio es diferenciada. Como hemos podido ver, la respuesta no es la misma en Bogotá o Medellín que en Leticia; tanto la capacidad institucional como los recursos disponibles son diferentes, resultado de un modelo de descentralización que no ha corregido la desigualdad regional e intraregional. No es igual la capacidad de las ciudades capitales que de los municipios de cuarta, quinta y sexta categoría. Al día de hoy 257 municipios han reportado al menos un contagio, de los cuales 213 siguen reportando casos activos, según cifras del Instituto Nacional de Salud. Un aumento de contagios en pequeños municipios, con sistemas de salud raquíticos, desbordaría su capacidad de respuesta.

También es necesario estar alerta con las derivas autoritarias que pueden llegar para quedarse en la atención de la pandemia. Este es un período donde el protagonismo de los gobiernos es evidente, tomando decisiones en condiciones de excepcionalidad, restringiendo libertades, con poderes judiciales y legislativos debatiéndose entre la inoperancia y la incapacidad para entender sus funciones y el cuidado que deben asegurar por el funcionamiento del Estado de derecho, durante la pandemia y luego, cuando los gobiernos queden antojados de gobernar sin frenos ni contrapesos y muchas de las medidas se transformen en permanentes. De especial cuidado es el uso de los datos y el tránsito a políticas de certificados epidemiológicos que pueden generar espacios de discriminación inaceptables.

El Estado colombiano se define como un Estado social de derecho, basado en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y en la solidaridad de las personas, y además tiene una exigencia de proteger especialmente a los más débiles, a los vulnerables. Dice el artículo 13 de la Constitución: “El Estado protegerá especialmente a aquellas personas que por su condición económica, física o mental se encuentran en circunstancias de debilidad manifiesta”, y si algo ha dejado ver en Colombia esta pandemia es la cantidad de personas en condición de vulnerabilidad económica y social, y la fragilidad del sistema de protección social que no logró consolidar movilidad social más allá de subsidios focalizados. Las estimaciones indican que cerca de siete millones de personas podrían regresar a la pobreza, con lo cual se perderían los esfuerzos de 20 años. Si se comparan los montos de ayudas económicas, el de Chile es de cerca del 5% del PIB; el de Perú, del 7 %; los de Estados Unidos y Japón, del 12 %. El de Colombia es de 3%, una cifra importante pero insuficiente, como lo señaló Armando Montenegro.

Mientras terminamos de entender el comportamiento del virus, su impacto en la sociedad y las economías, y cómo nos adaptamos para convivir con él por un buen tiempo, es esencial que el Estado se concentre en la protección a los más vulnerables, ya que en sociedades obscenamente desiguales como la colombiana sufrirán con más rigor los efectos de la pandemia y del colapso de las economías.

@cuervoji

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