Por: Cecilia Orozco Tascón

El Estado sometido

El ambiente electoral está gravemente contaminado y los poderes públicos no reaccionan.

Sufren de catatonia: observan alelados lo que sucede, musitan dos o tres palabras y ya. Entre tanto, los ciudadanos vemos inermes el irrespeto a la democracia representativa cercana, o sea, a la de nuestro municipio (alcalde, concejo) o región (gobernador, asamblea). Nadie lo impide.

Primer caso. La noticia destacada de El Tiempo del domingo pasado era el resultado de una encuesta de Datexco en la que Peñalosa le ganaba por más de 4 puntos a Petro. Datexco no ha terminado de salir del lío por las denuncias de exempleados suyos que sostienen que esa firma trama a los medios que la contratan, con los datos de menos de 200 y pico de encuestas que entregan como si fueran los de 700. 24 horas después del estudio de Datexco, CM& publicó una nueva versión de “la foto de un momento de la realidad” con la que siempre se defienden los encuestadores cuando los cuestionan. Se trataba de un sondeo iniciado, realizado y analizado en un solo día por el Centro Nacional de Consultoría, que pretendía captar el efecto de la alianza Mockus-Parody, a 48 horas de su relumbrón publicitario. Petro habría ascendido 11 puntos con respecto a su porcentaje de Datexco; Peñalosa no se habría impactado y Parody subiría del 10 a 17%. En esta ocasión, dice la “foto”, sí se trastearon redondos, los votos de los borreguitos del mockusismo.

En julio pasado y sin Mockus, Parody habría empatado a Peñalosa y a Petro. Una encuesta de Ipsos-Napoleón Franco pagada por la candidata pero que fue filtrada a la prensa sin revelar quién la había contratado, le adjudicaba a la recién llegada el 18% de intención de voto contra un 5% que tenía en la medición anterior. Más tarde, ese guarismo descendió a entre 6 y 9% hasta el lunes pasado, cuando la ilusión de hace tres meses se habría hecho realidad. Noticias Uno, que descubrió y posteriormente denunció el engaño en que cayó junto con otros medios, divulgó una encuesta falsa sobre candidatos del Eje Cafetero que hicieron circular maliciosamente ¿Cuál autoridad política, electoral o penal pone en cintura este despelote de espejismos porcentuales que busca que gane o pierda el candidato X o Y antes de las elecciones? Prometerán “investigaciones exhaustivas” que nunca tendrán conclusiones.

Segundo caso. El imparable elector Juan Carlos Martínez fue detenido en abril de 2009 y fue condenado hace cuatro meses a 7 años y medio de prisión por recibir apoyo de paramilitares y narcotraficantes. Lejos de amilanarse por el castigo, Martínez se fortaleció en la cárcel frente a los clanes que tiene enquistados en las ramas Ejecutiva, Legislativa y Judicial. Él es un para-estado: desde la Picota continuó mandando a los alcaldes, gobernadores, secretarios, funcionarios judiciales y gerentes “suyos”, que tuercen decisiones y manejan millonarios presupuestos oficiales; organizó para sí las elecciones parlamentarias de 2010 y ahora dirige las de 2011. Llegó a ser el capo de los políticos detenidos y consiguió que otros compañeros de celda le trabajaran las horas que el Inpec le aceptó como si fueran suyas, para reducirle su pena. Un juez hablantinoso que no examinó los hechos sino lo que decía un papel, avaló sus salidas por 72 horas “de libertad sin vigilancia”, por su “buena” conducta. Varios carros blindados lo protegen mientras una mujer que se le rebeló en la Contraloría de Buenaventura, tiembla en su casa esperando la ejecución. ¿Qué hacen el Ministerio del Interior, el de Justicia o el Inpec aparte de echarle la culpa a otro poder? Nada. El Estado ha sido sometido: se lo pasan por la faja y él, pintado en la pared.

 

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