Colombia2020 y Rutas del Conflicto lanzan plataforma para seguir el pulso al acuerdo de paz

hace 2 horas
Por: Lorenzo Madrigal

El estorbo

Estorbo equivale a obstáculo, impedimento, tropiezo. Suelen estorbar los objetos y no pocas veces las personas. No hablo de las suegras, lugar común y de chiste que no siempre es real, pero sí de quienes se colocan en el lugar inadecuado y a cada paso hay que pedirles permiso.

En política los hay que estorban. Algunos estriban en ello su misión pública. Persona tan radical como el opositor venezolano Henry Ramos Allup, por citar un ejemplo, se ha colocado de cuña para dividir la Mesa Democrática; en nuestro medio, el excandidato Óscar Iván Zuluaga, aliviado de cargos por el CNE, puede convertirse en un tropiezo para el lanzamiento de un candidato único, con origen en el Centro Democrático.

Casi pensaría que se le deja apto para la precandidatura cuando ya adelantan campaña los cinco de ese frente, con vocación de poder, y así estorbar a Uribe y a su grupo, dentro de la saña que se les profesa. Pues se sabe que quien fuera el candidato Zorro piensa en sus siete millones de votos del pasado debate, como parte de su avío o bagaje personal.

Óscar Iván Zuluaga, ganador en la primera vuelta del 2014, fue objeto de trapisondas que le impidieron acceder al poder. Aún se percibe el sabor de la sucia campaña que dio por resultado la elección del actual mandatario, funesto para las instituciones democráticas, como no hace falta repetirlo.

Ocurre que no siempre estos hombres derrotados en elecciones desisten, por lo que se convierten en repetitivos obstáculos para que su grupo político experimente nuevas oportunidades. Así fue la persistencia del demócrata Adlai Stevenson (II), en Norteamérica. O en Colombia, la del poeta Valencia, en los 20, o la de Horacio Serpa. Como no todo es blanco y negro, contradice lo que estoy diciendo la repetición finalmente triunfante de Belisario Betancur “cuarta”, como se le llamó festivamente, jugando con su apellido Betancur Cuartas. 

No se es dueño de los votos que un sector político le haya aportado a un candidato en un momento dado. Esto de la apropiación de electores no es tan fácil, salvo se trate de un líder notoriamente carismático. Lo fue Gaitán para un sector liberal o López Pumarejo para otro o, en tiempos conservadores, Laureano Gómez, vilipendiado luego por la historia que escribieron sus enemigos

Ahora se menciona “el que diga Uribe” y vaya uno a saber si se trata de otro caso de liderazgo como los antiguos, y me olvido mencionar a Carlos Lleras Restrepo, quien agitó el trapo rojo y aún resuenan sus ecos. A no pocos el coscorrón de Vargas Lleras, su nieto, los tiene sin cuidado y el fútil episodio, que no debe llevarse a inquina social, sólo les recuerda la dureza temperamental del llamado chiquito Lleras, quien impuso orden el 19 de abril del 70 y mandó acostar a la ciudadanía hasta amanecer con un candidato electo, un poco a su manera.

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