Por: César Rodríguez Garavito

El exministro del “fracking”

HAY ALGO DE CIRCULAR, de paradójico, en la defensa del fracking que hace Juan Carlos Echeverry. Dice el hoy presidente de Ecopetrol que “no nos podemos dar el lujo” de no extraer petróleo con esa técnica, a pesar de los graves riesgos que acarrea para el agua y el ambiente.

¿Y por qué? Porque “el petróleo en Colombia paga las pensiones, la salud, la educación, los militares, la seguridad, las carreteras, los puentes, los puertos, hasta los semáforos”, declaró Echeverry en entrevista con El Tiempo.

¿Y por qué el petróleo paga todo? Porque este gobierno, tanto o más que los anteriores, nos volvió petroleodependientes. En 2007, el 63% de nuestras exportaciones venían de la industria, mientras las del sector minero-energético no llegaban al 30%. En 2014 los porcentajes se habían invertido: la industria produjo apenas el 36% de las exportaciones, y la locomotora minera y petrolera el 60%.

¿Y quién fue el ministro de Hacienda que nos embarcó en esta política económica? Sí, Echeverry. “De ministro, afortunadamente me tocó el manejo de una situación favorable. En cambio, de presidente de Ecopetrol me toca el manejo de una destorcida de precios”. Como si una cosa no tuviera que ver con la otra. Como si confiar el presupuesto de un país a las bonanzas petroleras no fuera como apostarle el ingreso familiar a la lotería.

¿Y por qué habría que exprimir hasta la última gota de petróleo, así sea fracturando el subsuelo con chorros de químicos y agua a toda presión que fueron prohibidos por riesgosos hace poco en el estado de Nueva York? Porque la misma política económica que incentivó el dinero fácil del petróleo desalentó las actividades que generan riqueza duradera: investigar, inventar cosas, exportar manufacturas, prestar servicios de calidad. Colombia invierte el 0,17% del PIB en investigación en ciencia y tecnología, una cifra minúscula comparada con el 0,4% de México, el 1,2% de Brasil, el 2,8% de EE.UU., el 3,5% de Finlandia o el 4% de Corea del Sur, según el Banco Mundial.

De modo que el fracking no es inevitable ni indispensable: es una opción de política, como lo es apostarle al petróleo y la minería. La otra alternativa es prohibirlo, como lo hizo Nueva York después de una evaluación rigurosa de varios años, que concluyó que “los estudios suscitan dudas profundas sobre si los riesgos... son suficientemente comprendidos como para ser manejados”. O al menos declarar una moratoria mientras se hacen estudios sobre el impacto que tendría en Colombia, se fortalece la precaria burocracia ambiental que lo supervisaría, se revelan los químicos que se usarían y se toman medidas para proteger acuíferos y aguas superficiales, como lo solicitamos quienes firmamos la petición de moratoria a nombre de Dejusticia, WWF y Foro Nacional Ambiental, a la que se han unido cerca de 25.000 ciudadanos.

“Soy un solucionador de problemas”, sentenció Echeverry en la entrevista de marras. Así es: de problemas que ha ayudado a crear. Y que pueden generar otros más graves. 

* Miembro fundador de Dejusticia. @CesaRodriGaravi

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