Por: Jorge Eduardo Espinosa

El factor Rubio

El 22 de junio de 2018 escribí una columna que resumía la propuesta del economista venezolano Ricardo Hausmann para que su país se deshiciera del dictador Nicolás Maduro. Hausmann, en esencia, describía con detalle lo que hemos visto esta última semana: la Asamblea Nacional designa como presidente del país a un miembro de la oposición, luego, ratifica que el gobierno de Maduro es ilegítimo y pide a la comunidad internacional que deje de reconocerlo y que, en cambio, reconozca a esta nueva figura en esta transición hacia la libertad. El paso final, que todavía no se ha concretado, es que ese presidente temporal, en este caso Juan Guaidó, pida “asistencia militar a una coalición de países amigos, entre ellos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos. Esta fuerza liberaría a Venezuela de la misma forma en que canadienses, australianos, británicos y estadounidenses liberaron a Europa en 1944-1945…” (ver).  

El ajedrez está jugándose ya. La Asamblea Nacional que ganó la oposición en 2015 y que Maduro y su corte de corruptos y criminales desconoce, nombró a un joven inesperado de 35 años y de la línea de Leopoldo López para conducir al país en este delicado momento. A la distancia, sin embargo, Guaidó parece ser poco más que la cara visible pero desconocida y por lo tanto libre de culpas y vicios de la oposición. Lo que quiero decir es que su nombramiento es un hábil maquillaje, un asunto estético que está funcionando para mostrar ante el mundo una renovada unidad de la que los opositores carecían. No servía, y en esto consiste la habilidad, insistir en aquellas viejas figuras malheridas y dañadas de la oposición. El golpe sorpresa consistía en designar, como establecía el acuerdo del 2015, a una cara nueva del partido que tuviera la presidencia del Parlamento, que en este caso es Voluntad Popular. Dentro de Venezuela, entonces, el verdadero poder de los opositores es el del preso político Leopoldo López, jefe de Guaidó.

Guaidó, además, lleva meses preparando esta batalla. A mediados de diciembre, confirmó el opositor Antonio Ledezma, el discípulo de López viajó a Washington, Colombia y Brasil para buscar los apoyos necesarios. Salió de su país no por avión, lo que hubiera levantado sospechas de la policía política del régimen, sino por tierra y a través de la extensa frontera con Colombia. En Bogotá prometió que, si contaba con los apoyos necesarios, se declararía presidente de su país el 23 de enero. Luego estuvo en Brasil buscando el visto bueno de Bolsonaro, que asumiría en días el poder, para llegar finalmente a Washington. Y allí, en la capital política del mundo, el hombre clave era un senador republicano de padres cubanos que ha tenido siempre un discurso beligerante contra la dictadura cubana y venezolana. Dentro de Estados Unidos, entonces, el verdadero poder de los opositores es Marco Rubio.

The New York Times dice, por ejemplo, que Rubio se ha convertido en el virtual secretario de Estado para América Latina de la administración Trump. Desde el momento en el que perdió la nominación republicana contra el rico de Nueva York, Rubio ha tratado de graduarse como el consejero mayor del presidente en los asuntos cubanos y venezolanos. Esto, por una parte, es rentable electoralmente (la población venezolana en Estados Unidos se ha duplicado en la última década, desde casi 178.000 en 2006 a más de 366.000 en 2016, muchos de ellos en la Florida), y por otra, le sirve para tener influencia en la Casa Blanca. Es probable que Mike Pence, el vicepresidente, solo le prometiera apoyo a Guaidó después de consultarlo con Rubio. No olvidemos, además, que la primera foto que involucraba a América Latina en el gobierno Trump mostraba al presidente junto a Lilian Tintori, esposa de López, Mike Pence y… Marco Rubio. Es evidente la relación cercana de Rubio, entonces, con López, jefe político de Guaidó.

Rubio, también, tiene su hombre de confianza en la administración. Se llama Mauricio Claver-Carone, director de Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional. Claver-Carone es otro cubano americano de la línea dura de Rubio, de los que creen que Obama fue muy suave con los Castro en Cuba y que Estados Unidos tiene que involucrarse en el futuro de Venezuela. Algunas de las sanciones que la Casa Blanca ha ordenado contra personas cercanas al régimen venezolano han tenido el visto bueno y la planeación de este funcionario, que será determinante en la decisión de ayudar a la oposición militarmente. Rubio sabe que se están jugando uno de cuatro escenarios: Maduro resiste y se queda en el poder; Maduro puede ser forzado a salir de Miraflores y el poder lo asumiría un civil que sea peor, como Diosdado Cabello; los militares sacan a Maduro y asumen ellos el poder; o una revuelta popular obliga a Maduro a irse y empieza una transición con nuevas elecciones.

Para Colombia, claramente alineada con las políticas de Estados Unidos, es decir de Marco Rubio, sería catastrófica una salida militar que llevara a una guerra civil. La mejor opción, que parece lejana, es que Maduro acepte retirarse y se convoquen nuevas elecciones. La opción más probable, es que el régimen aguante con la ayuda de Rusia y de China, y que en un año estemos, de nuevo, escribiendo sobre esto.

@espinosaradio

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