Por: Jorge Iván Cuervo R.

El falso dilema de Gabriel Silva

Gabriel Silva, el ex ministro de todos los gobiernos y principal escudero del presidente Santos ante la furia tuitera del ex presidente Uribe, sentenció en su columna del lunes pasado en El Tiempo...

Gabriel Silva, el ex ministro de todos los gobiernos y principal escudero del presidente Santos ante la furia tuitera del ex presidente Uribe, sentenció en su columna del lunes pasado en El Tiempo que en la próxima contienda electoral “finalmente los ciudadanos vamos a tener que escoger entre dos estilos presidenciales diametralmente opuestos: el del guerrerista o el del reconciliador”, para referirse a Uribe y Santos, respectivamente.

Esta sentencia de Silva se sustenta en la idea, según la cual, las elecciones hoy se deciden más por el talante de los candidatos que por las ideas y, finalmente, Uribe participará en la contienda, bien sea a nombre propio o en cuerpo ajeno, y Santos es un candidato in pectore a la reelección, como lo indican los últimos ajustes en la agenda gubernamental y haber atado la suerte del proceso de paz a esa eventualidad.

Esta polarización política artificiosa nos mete de nuevo en el falso dilema de la guerra o la paz, y lleva el debate al escenario en el cual un sector del establecimiento político se siente más cómodo, esto es, los debates que puedan darse del centro a la derecha, en contravía de la tendencia en América latina en años recientes.

No entraré a discutir si las diferencias que ve Silva entre Uribe y Santos son justificadas o no, aunque sí suena estrambótico que en su caracterización de Santos prácticamente lo haya ungido como el líder de la izquierda democrática en Colombia. Prefiero señalar la inconveniencia de aceptar que éste será el escenario en que se dará el próximo debate presidencial.

La polarización favorece a Uribe o quien lo represente, pues como bien lo advirtió Juan Fernando Londoño en la movida de La Silla Vacía, es una estrategia equivocada porque a Uribe le queda más fácil canalizar en su favor el descontento ciudadano con el desempeño del gobierno, incluido el que se incube en la desconfianza sobre las negociaciones con las Farc.

Pero este reduccionismo también es inconveniente porque es contrario al pluralismo político, étnico, cultural y regional de la sociedad colombiana. Por supuesto que es deseable un escenario de paz, pero la búsqueda de éste no excluye la necesidad de un debate político sobre la base de una agenda plural en la que quepan todas esas visiones que dieron origen a la Constitución de 1991 donde Colombia se reconoció como una nación diversa.

Como bien lo señala Ángela María Robledo en el mismo portal digital, no podemos aceptar que el futuro de Colombia se decida entre la derecha y la extrema derecha. La agenda del posconflicto, para lograr una paz duradera, debe apostar por una mayor inclusión social, igualdad política y económica, equidad regional e intra regional, mayor bienestar para los ciudadanos sin discriminación de ninguna índole, economía ambientalmente sostenible, y sobre esto temas otros actores políticos tienen mucho más que decir que los voceros del status quo.

Si la profecía de Silva se cumple, es un hecho que están dadas las condiciones para una tercería de izquierda democrática con una visión de país más allá de lo que puedan pensar en los clubes y fincas de Anapoima y Rio Negro ¿Le suena doctor Navarro?

 

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