Elecciones 2018: Colombia elige presidente

hace 4 horas
Por: Uriel Ortiz Soto

El fantasma de la parapolítica

El nerviosismo cunde por todas las dependencias oficiales, especialmente en las corporaciones legislativas; con mayor énfasis en el Congreso de la República, donde cada ocho días se oficia la santa misa para pedir a Dios, que interceda por los “padres de la patria”, que cínicamente engañaron a sus electores, haciéndoles creer que estaban limpios de corazón y aptos de ocupar las altas dignidades del Estado.

No creo que el Supremo Creador, vaya a ser tan alcahuete con estos granujas, que con sus mentiras y fechorías se han convertido en la mayor vergüenza para el país. 

Definitivamente estamos llevados del diablo, esto es un carrusel de nunca acabar, pero, hay que seguir adelante, es la única forma de purificar todas las instituciones del Estado. Todo indica que para ver la luz al final del túnel todavía falta mucho camino por recorrer. Es que no es solamente el Congreso, son las Asambleas y los Concejos Municipales; pero, también el fantasma de la parapolítica, está haciendo piruetas en varios ministerios, gobernaciones, alcaldías, y en general en la mayor parte de las entidades oficiales. Qué decir de los sistemas de contratación pública, donde muchas veces las convocatorias a licitaciones no son más que un sofisma de distracción, antes de ser adjudicadas, ya tienen nombre propio.

Quienes soñamos en el día de mañana con una Colombia nueva y digna, debemos dar pleno respaldo y sin condicionamientos: a la Sala Penal de la Honorable Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía, Procuraduría y Jueces de la República. La Justicia en general está haciendo su trabajo como corresponde, sin miramientos y sin distingos, simple y llanamente cumpliendo con su deber; depurando de corrupción de muchos años atrás  las entidades del Estado. Las presentes y futuras generaciones sabrán agradecerlo.

A menos de ocho días de iniciado el nuevo período de sesiones ordinarias, ya fue capturado, nada menos que un expresidente del Congreso y presidente del Partido de la U, Carlos García Orjuela. Se completa así un mosaico de cuatro expresidentes del Senado en la cárcel y hay dos haciendo antesala. Nadie entiende porque tanto cinismo de estas personas y falta de respeto y consideración para con sus electores, el país, y las Instituciones Democráticas, que juraron respectar y defender; que, una vez, al ser requeridos por la Justicia, no se desvinculan o renuncian a su investidura para evitar, sean ultrajadas y sometidas al escarnio público nacional e internacional. Observemos cómo todos inicialmente con las primeras sindicaciones ponen la cara del yo no fui, pero, a medida que avanza la investigación se les comprueba hasta los tuétanos que sus curules y actividad en la vida pública y política se encuentran mancilladas y cuestionadas por diferentes delitos propios de los paramilitares, de donde se han derivado los más horrendos crímenes contra la población civil especialmente de humiles campesinos.

Quiera Dios que la reforma política, que en los actuales momentos redacta el grupo de notables, nombrada a dedo por el Ejecutivo, y que va a ser presentada en el mes de Agosto, reúna al menos buena parte de las exigencias de quienes van a aspirar a ocupar un cargo por elección popular a partir de las próximas elecciones. No olvidemos que todos estos episodios, además de vergonzosos, son la causa del atraso de las regiones de donde provienen las personas involucradas penalmente. Pero, si vamos más al fondo del asunto, más grave es aún, cuando varios legisladores, gobernadores, alcaldes y funcionarios públicos, que, no obstante tener procesos penales y disciplinarios pendientes, se encuentran desempeñando el cargo, dando mal ejemplo  a sus subalternos, y a las comunidades que representan. ¿Cómo pretender que un funcionario procesado, pueda desempeñar con dignidad y decoro su cargo, si la mayor parte del tiempo la pasa buscando medios de defensa y no dispone del necesario para cumplir con sus obligaciones derivadas del mismo?

El fantasma de la parapolítica en los actuales momentos es de tal dimensión, que la máxima Corporación Legislativa, no necesita clausurase, por sí sola se está desintegrando. Los legisladores que quedan junto con sus subalternos viven en medio de la zozobra y el pánico, toda persona desconocida que se cruza por sus despachos la confunden con un agente del CTI de la Fiscalía. Ante la evidencia de que se presentarán nuevas capturas de senadores y representantes, en los próximos días, y en vista a que la segunda fase de depuración: la farc política, apenas empieza a mostrar sus dientes y varios congresistas aparecen sindicados; lo más aconsejable sería clausurar el actual congreso y convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. En las condiciones en que se encuentra el actual Congreso, las sesiones ordinarias que acaban de iniciarse, avizoran ser un rotundo fracaso. No existe ambiente, ni moral, ni psicológica, ni emocional, para decir que se va a trabajar por el bien del país.   

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