Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El fantasma de “Tranquilandia”

Es apenas comprensible que Rodrigo Lara Jr. no podía quedarse en el Gobierno, a sabiendas de que en el expediente del asesinato de su padre -el cual con malicia le ocultaron José Obdulio Gaviria y César Mauricio Velásquez- están las declaraciones de su tía, Cecilia Lara Bonilla, y la del coronel Jaime Ramírez Gómez, que no dejan bien parado al progenitor del hoy mandatario colombiano.

El hecho de que le hubiesen ocultado a Lara ese expediente, como también que el Nuevo Herald andaba tras esos papeles, es un comportamiento propio de mafiosos, no de asesores presidenciales, que por sí solo bastaba para que el Zar Anticorrupción saliera del Gobierno.

¿Supo el presidente Uribe que José Obdulio y César Mauricio ocultaron ese expediente a quien no podían ocultárselo, y no le advirtieron que el Nuevo Herald de Miami estaba preparando una publicación? Tuvo que saberlo, porque Uribe, José Obdulio y su banda, son todos a una, como en Fuenteovejuna.

Como el Gobierno no perdona a quien se atreve a irse, ya puso a circular perversos rumores acerca de que Lara habría tenido que renunciar, no por el enredo del padre del presidente Uribe, sino por otras sospechosas causas. Obviamente, quien pretenda enlodar el buen nombre de ese muchacho que en mala hora incurrió en el error de asomarse a la vida pública de la mano de Álvaro Uribe, va a tener que convencernos de que Lara dejó de ser confiable sólo cuando apareció la historia del Nuevo Herald contra Alberto Uribe Sierra.

No tengo duda de la honorabilidad de mi discípulo Rodrigo Lara, como tampoco la tuve jamás de su padre, de cuya amistad disfruté en los salones de nuestro amado Externado. Albergo sí temores de que una mano siniestra quiera enredar al ex Zar Anticorrupción con un prestamista que financió su campaña política, para cobrarle su arrojo de renunciar cuando se lo exigió su propia sangre. Lo mismo le ocurrió a su padre, cuando la mafia le montó un escándalo para desprestigiarlo con el cheque de Evaristo Porras. La historia se repite, sólo que ahora el sicariato moral se ejerce desde las entrañas del poder.

La confusa respuesta de Cesar Mauricio Velásquez en La W, a las acusaciones de Lara, confirmaron su imborrable falta. No pudo negar delante del periodista del Nuevo Herald, que éste le había enviado un correo electrónico anunciándole el tema, que él con José Obdulio omitieron contarle al interesado. Ya veremos si ahora expide otro de sus falaces comunicados.

A propósito de los comunicados de la Casa de Nariño, francamente resultó sorprendente el que se expidió para responder al Nuevo Herald la acusación sobre la propiedad en cabeza de una sociedad de la que era accionista el padre del presidente Uribe, del helicóptero que apareció vinculado a la tenebrosa operación de Yarí, donde se destruyó el complejo de coca “Tranquilandia”, por cuenta de la cual fue asesinado el otro Rodrigo Lara.

En efecto, el Gobierno pretendió acreditar que el helicóptero había dejado de pertenecer a la sociedad del Sr. Alberto Uribe, echando mano de un aviso publicado en la revista Cromos en 1984, en la que se anunciaba que había sido vendido a Pedro Fidel Agudelo Chávez, tan mafioso como Pablo Escobar, pues fue subalterno de los Ochoa Vásquez y testaferro de Rodríguez Gacha.

Sospechoso que el Gobierno no hubiese visto otro artículo publicado también en Cromos, en 1984, con la firma de Ligia Riveros, donde reveló que días antes de ser asesinado Rodrigo Lara, expresó privadamente a varios periodistas inquietudes acerca de que en “Tranquilandia” estaba un helicóptero de propiedad de Alberto Uribe, y sus temores de que de allí provendría el atentado que a temprana hora, finalmente apagó la luminosa llama de su existencia.

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Adenda.- ¿Y por qué el Gobierno guarda silencio frente a los graves cargos que en contra del presidente Uribe, lanzó en la Corte el ex parlamentario Mauricio Pimiento?

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