Por: María Claudia García

El fascinante arte de hablar en público

Soy conferencista, a diario estoy realizando presentaciones ante público y en ocasiones he pasado hasta cuatro horas seguidas hablando sin parar. Literalmente podría decir que me he convertido en una contadora de cuentos profesional, lo disfruto y me encanta.

En mi trabajo con empresas empoderando su talento humano, desarrollando habilidades sociales, de expresión, imagen, etiqueta y marca, hago mucho énfasis en la importancia de la comunicación como la habilidad más importante en la vida. Es por eso que desde mi experiencia puedo decir que la mejor forma de conectarte con tu público es transmitiendo un lenguaje fácil de entender, generando empatía, cuidando tus gestos y lo que comunicas sin hablar, la forma en que te desenvuelves ya sea en una reunión ante el jefe o los compañeros de trabajo hasta en un salón con muchos espectadores.

Para un gran numero de personas es sumamente difícil vencer el pánico escénico que sienten al enfrentarse al público, es fundamental proyectar seguridad y autoconfianza, la gente se conecta cuando su interlocutor se presenta con buena postura, sonríe demostrando amabilidad y hace contacto visual con los miembros de su auditorio. La sonrisa es uno de los gestos espejo, que involuntariamente se contagia. Al igual que el bostezo, el cual debemos evitar a toda costa en cualquier tipo de presentación, ya que es la muestra más fehaciente de que estamos aburridos. Cuando sonríes te ves cómodo y a gusto en lo que estás haciendo.

Como te presentas te reciben, como te comportas te despiden. Trata de que tu atuendo sea el adecuado, que te veas bien presentado y evita que tu ropa llame más la atención que tu discurso. Necesitamos a las personas concentradas en lo que dices y no en los estampados de tu camisa.

A la gente le encantan las historias, es por eso que los más grandes oradores recurren a sus propias experiencias de vida para cautivar a su público.

Las expresión de nuestro cuerpo también ejerce un papel vital, debes estar erguido sin verte prepotente, con el mentón y la vista dirigidos al horizonte. Nunca mirar al piso o al techo, denota duda o vacilación. Los brazos y palmas de las manos deben estar en posición abierta.

Una actitud triunfadora hace la diferencia y esto puedes lograrlo con la práctica, mírate en el espejo y recita con confianza cada oración, seguro de que estas haciéndolo de la mejor manera. Tu mejor aliado siempre será tu mente, a la que debes decirle: estoy preparado para lo que sea.

Escríbeme a @mariaclaugarcia, [email protected]

Buscar columnista

Últimas Columnas de María Claudia García

Liderazgo consciente

Un líder con propósito

Cuando admires algo en otro, díselo

La falsa concepción de la mujer empoderada

El amor eres tú