El fascismo en La Gran Colombia

El Espectador suele seleccionar atinados temas del día. El de hoy (ayer) lo leo con horror.

En la página 4, como en la novela de Roberto Bolaño La literatura nazi en América, me enfrento a una frase del precandidato conservador y rector de la Universidad La Gran Colombia, José Galat: “el conservatismo es... hasta algo del fascismo por la defensa del nacionalismo y la disciplina ideológica”. Espero que esta invitación abierta al fascismo no haya pasado desapercibida para el resto de lectores. Debería subrayarse en la gazapera, en el crucigrama, en las caricaturas y hasta en los avisos clasificados. Quiero en estas breves líneas esbozar un comentario para incluir a Galat en un segundo volumen de La literatura nazi en América.

En la misma página se ve una foto de Galat leyendo lo que parece ser el libro Mi lucha, mientras el otro precandidato conservador, Arias, ríe. El subtítulo de la foto dice: “por momentos, las intervenciones de Galat divirtieron a Arias”. Pues a mí no me divierten. Quizá me asustan, pero también me impulsan a decir como Bartleby: preferiría no hacerlo. Preferiría no aceptar que el fascismo vuelva.

En la novela de Bolaño que he citado, el capítulo dos, titulado “Los héroes móviles o la fragilidad de los espejos”, está dedicado a dos “ilustres colombianos”: Ignacio de Zubieta y Jesús Fernández-Gómez. Escribieron los siguientes libros, que Galat seguramente tiene en su biblioteca:  Cruz de hierro. Un colombiano en la lucha contra el bolchevismo, años de lucha de un falangista americano en Europa y Cosmogonía de un nuevo orden. Juzgo apropiada una frase de Fernández-Gómez para definir a Galat: “busca una gran obra que lo dignifique, que lo limpie de todos los pecados, que dote de sentido su vida y su sacrificio… Considera que Hitler es el hombre providencial de Europa y la cercanía física del poder lo conmueve hasta las lágrimas”, aunque como dice Bolaño, “sobre la naturaleza de ese ‘sacrificio’ corra un tupido velo”. Galat es como ellos. De esos que añoran el franquismo y se sienten orgullosos del apoyo que le dio Colombia a Corea. Ven “rojos” en todas partes y tienen pesadillas con que un hijo les salga gay. Galat es uno de esos frágiles espejos de Bolaño (como el que retoma en la novela Estrella distante) que sin darnos cuenta (o sin querer verlo) de un día para otro se convierte en “el huevo de la serpiente” o en “la noche de los cristales”. De nosotros depende que el fascismo no pase. ¡No pasará!

Eugenio Franco. Ipiales.

Fe de errata

Por un error de la redacción, el artículo aparecido en la sección Negocios el lunes 20 de julio lo firma Joaquín Vidal, cuando en realidad le pertenece a la firma de consultoría Ernst & Young.

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