Por: Manuel Drezner

El festival de cine francés

Bajo el patrocinio de la Embajada de ese país, se ha presentado un interesante festival de cine de Francia, que mostró una serie de obras de la nueva producción cinematográfica gala.

Como por mucho tiempo las películas francesas (que antes se veían continuamente, en especial en el inolvidable Teatro Coliseo) han sido únicamente plato ocasional, es bueno comprobar que los expertos dicen que sigue habiendo en Francia una producción de calidad e interés.


Sin embargo, eso significa que las grandes producciones francesas clásicas de ayer siguen sin ser presentadas: los cine-clubes las ignoran y los festivales franceses también hacen caso omiso de ellas. Espero que eso no sea reflejo de ese curioso síndrome de ignorancia que hace que personas, incluso de gran calidad intelectual, digan que “No me gusta el cine viejo” o que “Sólo veo películas en blanco y negro”. Esto quiere decir que se pierden, para hablar sólo de cine francés, obras maestras como La regla del juego y La gran ilusión, de Renoir, que invariablemente figuran (al lado de El ciudadano y Potemkin) en la lista de las grandes películas de todos los tiempos. Que esos destellos de grandeza que hubo en la limitada producción de Jean Vigo, el de Cero en conducta y El Atlante sigan siendo olvidadas. Que las nuevas generaciones no sepan del ingenio único de René Clair, con su A nous la liberté (que influyó en nadie menos que Chaplin) y El millón, la primera gran comedia musical del cine. Que Jean Duvivier, el de Pepe, le Moko y Carnet de baile, haya sido olvidado. Lo mismo que Max Ophuls, uno de los nombres más importantes del arte cinematográfico, o Marcel Pagnol, de los pocos que ha sabido hacer buena literatura en el cine (su Mujer del panadero y su trilogía marsellesa son algo inolvidable). O, acercándonos más a nuestros tiempos, que no se haya vuelto a saber de los grandes filmes de Truffaut, Godard, Chabrol y otros de la Nueva Ola Francesa.


Todo esto se menciona porque lamentablemente en estas cosas del cine hay grandes obras maestras que poco o nada se ha hecho para poner al alcance de las nuevas generaciones. Y por eso el presente ruego de que no sólo en festivales de cine francés sino también de cine italiano, británico, sueco o ruso se recuerden todas esas grandes glorias del pasado que, sin ninguna exageración, forman parte del patrimonio artístico de la humanidad.

 

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