Por: Hernán Peláez Restrepo

El fin...

El fin justifica los medios, una sentencia utilizada casi siempre por aquellos que no se paran en pelos ni detalles para lograr un objetivo.

Los Nule, tan tristemente de moda, aplicaron esa frase, el fin era conseguir dinero fácil, usando artimañas, pagando comisiones y ante todo falseando la verdad... Por supuesto que hoy en día se intenta demostrar que los medios aprovechados no fueron ni los más santos ni los más éticos.

En cambio creo que en el fútbol la reflexión sí se aplica como debe ser: todos los equipos, cuando entran a jugar, tienen un fin claro, ganar. Los medios para conseguir el fin, son los más diversos. Por las confrontaciones recientes de Real Madrid y Barcelona volvió la polémica, unos juegan de una manera y otros quieren el fútbol asociado, solidario, bien jugado, con movimientos en el campo ópticamente atractivos y con un trato respetuoso hacia el balón. Ambos cuentan con jugadores de talento, pero cada técnico diseña un plan de juego distinto. El triunfo un día será para uno y después para el otro. Es decir, el resultado no está ligado directamente a que uno supere al otro siempre. En ambos casos el fin es ganar el partido, así los métodos sean distintos.

Por eso, en el fútbol de la casa visto el sábado, sólo el juego entre el Cali y Envigado me resultó agradable por la manera como el cuadro verde parece haber encontrado el grupo que funcione con claridad. El ingreso de Quiñónez, Burbano y el ya conocido Andrés Escobar le otorgó velocidad por los costados, movilidad en todas las líneas y un gran poder de definición en Diego Álvarez, un jugador, desde los días en que jugaba en Medellin, sin el justo reconocimiento a su clase goleadora. El segundo tanto de su cosecha fue un golazo. Envigado apeló a un detalle muy de los equipos heridos en su orgullo: corriendo riesgos en defensa fue a buscar el partido y puso el asunto tres a dos y apretó al Cali en los últimos 10 minutos, para demostrar que podía alcanzar el empate.

Medellín comprendió que Castrillón y Mosquera deben estar siempre en la línea titular, porque son jugadores con fundamentos técnicos y con inteligencia para jugar, así ambos parezcan indolentes en pasajes de los partidos. Alrededor de ellos, bien puede Víctor Luna armar un equipo que responda a su jerarquía histórica. Cúcuta y Júnior se quedaron sin goles en un partido donde el desperdicio fue evidente por parte de los supuestos goleadores.

Así pues, en el fútbol el fin es el triunfo, que se obtiene apelando a distintos medios: jugando 10 atrás y un solitario delantero. O creyendo en el pelotazo como argumento. O tener la pelota la mayor parte del tiempo, sin arriesgar y pensando en no recibir goles. En eso el fútbol nunca cambia. Alguna vez estando Pancho Villegas, un recordado técnico que trabajó entre nosotros con Once Caldas, Cúcuta, Júnior y Cali, entre otros, fue a visitar a un hermano muy enfermo en México. La ironía fue saber de la muerte de Pancho por allá, quien antes de morir envió a su amigo Pardo Llada, en Cali, una carta donde le comentaba de su soledad y escribió: “estoy acá más solo que el centro delantero del Tolima jugando de visitante en Santa Marta”. De esto hace más de 30 años, o sea que algunos equipos juegan aún así hoy. Otros a la ‘guachapanda’, otros a lo que salga y pocos juegan con la seguridad de saber cómo deben hacerlo. Yo prefiero el fútbol clásico, de gente con calidad, que hilvane una jugada que tenga el equipo orden y sepa llegar con claridad. No es fácil encontrarlo.

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