Por: Columnista invitado

El fin de la hegemonía uribista

Una coalición tácita de centro derecha e izquierda, zurcida a las volandas, que arropó en un frente por la paz al presidente Juan Manuel Santos, logró acabar con la hegemonía uribista de 12 años.

Es difícil saber cuántas voluntades lograron sumar a la reelección de Santos los líderes de izquierda. Sirve como referencia recordar que sumados el Polo y la Alianza Verde obtuvieron en primera vuelta más de 3 millones de votos. Pero es evidente que sin este apoyo la derecha dura rotulada bajo la egida de Óscar Iván Zuluaga habría resultado victoriosa.

En cambio, es más fácil confirmar que los activos clientelistas del santismo en la Costa Norte que se movieron a media marcha el 25 de mayo en esta oportunidad engranaron las partes aceitadas de una maquinaria perfecta.

Los resultados del año electoral 2014 no sólo configuran un nuevo espectro político que manifiesta una división profunda en la derecha como no se observaba desde los años 50 del siglo pasado, sino que surge un nuevo bloque determinador con divisas de izquierda.

No se sabe si este nuevo sector tenga espacio ejecutivo en el Gobierno reelegido, se especula que 1 o 2 ministerios podrían abrirse por primera vez en la historia de Colombia a expresiones no tradicionales. La excepción ha sido el Ministerio de Salud que ocupara Antonio Navarro y Camilo González, en los rescoldos de la Constituyente de 1991. Voceros de estos grupos han insistido que seguirán en oposición y que su activismo electoral a favor del santismo tenía el único propósito de no dejar escapar la paz.

El triunfo de la reelección del presidente Santos obliga a no darle largas a la concreción de la paz tanto con las Farc como el Eln y ese nuevo país del posconflicto se volverá a encontrar en las elecciones regionales de 2015. Antes, estas fuerzas tendrán un nuevo escarceo en el evento que deberá refrendar los acuerdos.

Queda el uribismo debilitado, pero no agonizante. Su desempeño electoral sin el apoyo del poder estatal y en función del estímulo ideológico y la conducción personal del expresidente Uribe es una fuerza que representa un sector tradicional muy fuerte. En el Congreso va a ejercer una oposición sistemática que elevará el debate y facilitará a los colombianos discernir en materia política y obligar a ubicar tendencias y partidismos.

No se sabe cuál será la suerte burocrática de los partidos de la Unidad Nacional que en esta coyuntura dejaron ver sus costuras. Es probable que el partido Conservador (sus parlamentarios) dividido en la contienda termine unificado ante la urgencia de prebendas oficiales. Otra circunstancia por cicatrizar son las contradicciones que irrumpieron en las filas de la izquierda. La posición de Clara López y el senador Jorge Robledo, o los distanciamientos antes de primera vuelta entre el petrismo y sus amigos en la Alianza Verde, son solo ejemplos de un cúmulo de efectos residuales que apenas ahora van a aflorar.

 

*  Mario López Carrero, periodista y analista político

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