Por: Óscar Alarcón
Macrolingotes

El fin de los partidos

En el convento de Santo Domingo nacieron los partidos Liberal y Conservador en la tarde del 7 de marzo de 1849, cuando el Congreso elegía presidente para reemplazar a Tomás Cipriano de Mosquera. Según la Constitución de 1843, que regía entonces, la elección del presidente y del vicepresidente de la República era indirecta. La asamblea electoral del cantón, compuesta por electores de cada distrito parroquial, sufragaba por ellos. Cuando ninguno de los candidatos lograba la mayoría de las dos terceras partes, el Congreso era quien lo elegía. Después de varios intentos fallidos, con gritos y amenazas entre los dos bandos, la votación se polarizó entre José Hilario López y Rufino José Cuervo. Se eligió al primero.

Antes del evento, el 16 de julio de 1848, había aparecido en el periódico bogotano El Aviso un extenso artículo de Ezequiel Rojas, bajo el título “La razón de mi voto”, en donde proclamó a José Hilario López como candidato del grupo que se llamaría Liberal y allí expuso la primera plataforma de lo que sería ese partido. A su vez, José Eusebio Caro y Mariano Ospina Rodríguez expidieron un documento, el 23 de agosto de 1849, en el periódico La Civilización, que fue la plataforma donde dieron en llamar Conservador al partido conocido como “ministerial”, que acababa de perder el poder con la elección de José Hilario López.

Así nacieron los dos partidos históricos que durante más de 150 años han escrito la historia de nuestra república. Hoy, cuando estamos a menos de un año de escoger a nuestro próximo gobernante, el liberalismo y el conservatismo son piezas de museo, ambos prácticamente sin candidatos, porque los han reemplazado las firmas.

Descansan en paz. Sus exequias, por lo menos las del liberalismo, serán en la Funeraria Gaviria.

 

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