Por: Oscar Guardiola-Rivera

¿El fin del liberalismo?

Los resultados electorales en Gran Bretaña han sido adversos para los liberales. En Escocia, por ejemplo, ya no tienen representantes.

¿Desaparecerá el Partido Liberal en el país que vio nacer el liberalismo moderno? Por increíble que parezca, tras los resultados de las elecciones locales y el referendo por un nuevo sistema electoral en Gran Bretaña, la posibilidad de que el liberalismo británico deje de existir como una opción viable es más que cierta.

El partido que hoy lidera el viceprimer ministro Nick Clegg sufrió una contundente derrota en las elecciones de mayo 4. Se trata de una derrota doble: de un lado, la reforma política del sistema electoral fue enterrada al recibir el apoyo de apenas un 32% de los votantes. El 68% de los votantes rechazó la propuesta bandera del Partido Liberal Demócrata en el gobierno. Del otro, el apoyo local de los liberales desapareció casi por completo en Inglaterra, Gales, Irlanda del Norte y por completo en Escocia.

En esta última, la totalidad de las bases liberales trasladó su apoyo al Partido Nacionalista Escocés, que obtuvo una mayoría histórica en el Parlamento de Edimburgo. Ello significa que su líder, Alex Salmond, cuenta ahora con un claro mandato por parte del electorado escocés para llevar a cabo el referendo por la independencia de Escocia que hace parte del manifiesto del partido desde sus orígenes.

Así las cosas, esta elección podría convertirse en la más importante de la historia europea reciente, pues podría significar el comienzo del fin no sólo del liberalismo británico, sino de la unidad misma de la nación británica.

¿A qué se debe la derrota de los liberales? Para las bases, el partido de Clegg ha traicionado sus principios al entrar en coalición gubernamental con los conservadores y apoyar las medidas regresivas de éstos tanto en lo económico como en lo social. Se trata entonces de un contundente voto de castigo. Al contrario, los conservadores mantuvieron el mismo nivel de apoyo que los llevó al poder hace un año y el partido fue premiado por sus bases con algunas ganancias en el sur.

Las políticas de austeridad, los recortes y el pobre desempeño de la economía no han minado el apoyo de los conservadores entre sus tradicionales electores, casi un tercio de ellos. Sin embargo, la coalición de gobierno que lidera el conservador primer ministro, David Cameron ha sufrido un duro golpe tras el castigo de sus socios liberales.

La coalición conservadora-liberal se encuentra efectivamente coja, su supervivencia en cuestión. ¿Y los laboristas? Sin hacer demasiado esfuerzo, el partido de centro-izquierda ha hecho avances importantes en Gales e Inglaterra, no así en Escocia. ¿La lección? El electorado progresista británico, que es mayoritario, busca un liderazgo que involucre justicia social y viabilidad económica. Esta es la fórmula del futuro.

*Analista y profesor del Birkbeck College de la U. de Londres.

 

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