¿El fin justifica los medios?

Hace algunos días, agentes de inteligencia militar (disfrazados de guerrilleros, periodistas y miembros de una supuesta misión humanitaria) engañaron a dos comandantes de las Farc, lograron su captura y la liberación de 15 secuestrados. Entre los liberados se encontraban tres norteamericanos, once miembros de la fuerza pública e Íngrid Betancourt, la llamada “joya de la corona” de las Farc.

Dicen los medios de comunicación que los altos mandos colombianos llevaban meses preparando “el guión” de esta operación que ha sido calificada de “teatral” y de “hollywoodense”. Para ello, los militares estudiaron a fondo los videos de la liberación de Clara rojas, ocurrida el pasado 10 de enero por intermediación del gobierno venezolano. Los helicópteros militares M1 fueron pintados de blanco y rojo como los que dispuso en aquel entonces Hugo Chávez. Y si bien no se ha dicho, es de suponer que los militares que hacían las veces de periodistas copiaron sus roles de una cadena televisiva.

El silencio de Chávez tras la liberación de Íngrid tiene una explicación evidente: su función como mediador ha sido puesta en ridículo. También ha sido ridiculizado el jefe de las Farc, Alfonso Cano, cuya voz fue imitada por radioteléfono por un agente del Ejército. Esta operación es una bofetada para la guerrilla y sus aliados. Es una gran parodia —con camisetas del Che Guevara, consignas y trato de camarada— de la retórica guerrillera. Amén de una operación militar exitosa, Uribe y sus asesores han compuesto una comedia, una burla refinadísima del movimiento bolivariano.

Desde el modo en que se prepararon los militares hasta los avemarías finales del Presidente, la operación fue una gran obra de teatro en la cual todos nos vimos involucrados. Sus actores fueron no sólo los militares, sino también los periodistas, e, incluso, la opinión pública entró en escena sin saberlo.

No pretendo restarle méritos a las Fuerzas Armadas ni servir de idiota útil a la guerrilla, pero, puesto que el periodismo consiste en “plantear las preguntas que incomodan” y como por todas partes yo sólo escucho aplausos, me parece relevante preguntar: ¿cómo se asume desde la ética periodística la publicación de información falsa? El asunto puede parecer baladí, pero amerita cuando menos una reflexión sobre la manera como se construyen las noticias y la idea de verdad. Lo que llamamos realidad es, pues, una construcción fácilmente manipulable. Basta con que la casa de Nariño emita una información para que los medios de comunicación la publiquen sin cuestionarla ni confrontarla.

 Juan Manuel Rodríguez. Bogotá.

La Doble Moral de la cirugía plástica

Cada vez son más frecuentes las noticias y los reportes periodísticos televisivos acerca de las “monstruosidades quirúrgicas” que sufren los pacientes, especialmente las mujeres, que buscan mejorar su autoestima en un quirófano.

Los medios de comunicación, y junto con ellos los cirujanos plásticos miembros de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica-Estética y Reconstructiva, condenan esos actos y a quienes los practican y rechazan además con vehemencia las clínicas de garaje en donde se practican. Pero… ¿y luego no son ellos en gran medida también los responsables de semejantes resultados? ¿No son acaso los medios de comunicación y los cirujanos plásticos quienes insidiosa y permanentemente, y, además literalmente, “a cualquier costo”, incentivan y promueven esa “sed” de belleza fácil y superficial? ¿No son, acaso, igualmente responsables quienes crean la demanda, pero al mismo tiempo no son capaces de satisfacerla adecuada y suficientemente?

Si la misión fundamental de la Medicina (y en este caso de la cirugía plástica) es mejorar integralmente la salud física y mental de sus pacientes, entonces no es éticamente correcto promover el “consumismo estético”. Ciertamente no lo es desde el punto de vista médico y tampoco lo es desde el punto de vista genuinamente estético, especialmente si además están de por medio la salud y, en algunos casos, la vida de las personas.

Si la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica-Estética y Reconstructiva estuviera realmente interesada en combatir la mala práctica para con ello defender a los pacientes, entonces lucharían decididamente por disminuirla efectivamente incentivando programas académicos más amplios y con un mayor número de residentes por año. Pero no lo hacen.

Si la indicación de cualquier procedimiento quirúrgico es auténticamente médica, entonces no puede ser la motivación para ella, desde el punto de vista ético, un “lujo caprichoso”. La verdad es que no condenan la mala práctica; la verdad es que, triste y desafortunadamente, por un lado se comportan como mercaderes y por otro lado condenan el mercado que consideran desleal. Y lo hacen desconociendo ingenuamente las leyes que lo rigen.

La verdad es que actúan, no bajo los principios fundamentales del bienestar integral de las personas, sino bajo los principios más elementales y vulgares del mercado. Por eso no les es lícito (y resulta además antipático y fuera de lugar) que utilicen argumentos éticos inherentes a la medicina para luchar en contra de quienes realizan cirugías clandestinas de mala calidad con resultados desafortunados cuando realmente no se están defendiendo la calidad de la cirugía ni la verdadera autoestima de los pacientes, sino sólo meros intereses mezquinos y económicos. Ésa es la verdad. Y es vergonzosa.

El hecho real e indiscutible es que si ellos no hacen esas cirugías, entonces, quiéranlo o no, otras personas las seguirán haciendo y las harán mal hechas y las harán (les guste o no les guste oírlo) con su tácita complicidad por omisión.

 Jorge Merchán Price. Cirujano general U. Javeriana. Bogotá.

 

 

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