Por: Felipe Zuleta Lleras

El fiscal general y el caso Prieto

El miércoles pasó algo que nadie se esperaba. Ocurrió con el señor Roberto Prieto lo que era impensable cuando asumió como fiscal general de la Nación el doctor Néstor Humberto Martínez. Verlo en la cárcel Modelo. Los detractores de oficio del señor fiscal, que no son pocos, sostenían sin ruborizarse que la postulación de Martínez Neira como fiscal era, entre otros, para proteger a los amigos del presidente Juan Manuel Santos. Es más, le ponían nombre propio: Roberto Prieto, exgerente de las campañas Santos presidente, del 2010 y del 2014.

Traigo a colación algo que escribí el año pasado sobre el fiscal general: “Grave sería que a todos les gustara lo que está haciendo el fiscal general, pues eso sí sería altamente sospechoso. Debe estar tranquilo el doctor Martínez, pues si todos lo critican, calumnian y acusan de toda clase de monstruosidades, es porque está haciendo las cosas bien. Por supuesto que sus detractores de oficio —desde hace años— pretenden ahora debilitarlo con sus falacias y acusaciones”.

La detención de Prieto y otras decisiones, como la de darle trámite a la extradición de Jesús Santrich, dejan ver claramente el talante del fiscal Martínez. Siga por ese camino, señor fiscal, contra cualquier forma de delito, pero especialmente contra los corruptos que nos meten la mano a los bolsillos a los colombianos, que estamos mamados con la robadera.

Pero volviendo al tema de Roberto Prieto, no sé a ustedes, pero a mí me parece realmente grave, si se prueba en juicio la comisión de los delitos que se le imputan, aclarando que tienen que ver con tráfico de influencias para la adjudicación de contratos. Grave porque Prieto es, como se dice popularmente, del alma del presidente y de la primera dama. El haber abusado de esta amistad pone al presidente en serios problemas. Por eso no me sorprende el silencio de Santos, quien hablaba tanto cuando descubría casos de corrupción del gobierno de Uribe y calla frente al caso de su amigo Prieto.

Revela el diario El Tiempo que Prieto tenía cinco celulares y que desde estos se hicieron más de 227 llamadas para, entre otras, desviar las investigaciones disciplinarias y penales, razón por la cual el juez decidió meterlo preso. Me da pena decirlo, pero solo alguien haciendo cosas raras, por decir lo menos, usa cinco celulares. Segundo, habla de la estupidez de Prieto al saber que era objeto de investigaciones y seguía hablando por teléfono, y tercero, el presidente no puede pasar de agache frente a las acusaciones que se le hacen a su amigo de confianza, pues de no serlo, nunca habría sido gerente de sus campañas presidenciales.

Queda solo insistirle al fiscal Martínez que siga por el camino que emprendió cuando asumió el cargo, mostrando independencia y coraje frente a temas tan delicados como el que estamos comentando. Y obviamente, subrayando lo obvio, pedirle que en este caso llegue, como se dice popularmente, hasta las últimas consecuencias.

 

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