Por: José Salgar

El fogoso periodismo del Bogotazo

En tres cuadras de la Avenida Jiménez de Quesada, entre carreras 4ª y 7ª, se vivieron horas intensas e históricas del periodismo, aquel día que casi acaba con Bogotá y que años más tarde encabezó la lista en el libro En qué momento se jodió Colombia.

A la una y cinco minutos del 9 de abril del 48, la modorra del almuerzo dominaba ese centro de los principales periódicos y restaurantes bogotanos. La noticia del instante, “Mataron a Gaitán”, quedó completa en manos de una redacción que estaba preparando la edición de El Espectador que debía circular a las 5 de la tarde. Gaitán agonizaba frente al balcón que se hizo famoso por los avances de las grandes “chivas”, con tiza blanca en un tablero de escuela. No hubo tiempo para ese tablero, porque aquel 9 de abril este periódico estaba terminando la construcción de su edificio en forma de barco, tres cuadras más arriba.

Hubo una movilización que duró un hora eterna, encabezada por toda la familia Cano, en la que el joven Guillermo comenzaba su carrera como director, que culminó casi cuarenta años después con su sacrificio, dentro de la misma atroz ola de violencia que seguimos padeciendo.

Todos ocupamos nuestros puestos, entre otros Eduardo Zalamea Borda y Álvaro Pachón de la Torre, como analistas y editorialistas para hacer proyecciones de lo que estaba ocurriendo. Los más importantes eran los fotógrafos y los cronistas judiciales. A la una y media ya teníamos las fotos que enviaron Daniel Rodríguez y Alberto Garrido, y los linotipos desocupaban las primeras cuartillas de los reporteros.

A las 2 de la tarde ya teníamos armada una primera página con foto de Gaitán todavía vivo y un titular sobre el atentado, que se cambió momentos después, cuando se confirmó la muerte. Esa edición no alcanzó a circular porque fue preciso cerrar las puertas y apagar la rotativa, ante la multitud revoltosa.

El hombre periodísticamente más importante del 9 de abril fue Felipe González Toledo, quien tenía como escudero a un joven reportero, Carlos Mahecha. Felipe, ya veterano como cronista judicial, corrió hacia la carrera 7ª y fue el primero en llegar ante el cadáver del asesino Roa Sierra y ayudar al rescate de su cédula de ciudadanía.

Bajo los ruidos, gritos y tiros en la Avenida Jiménez, improvisamos un cuarto que nos sirvió de redacción y vivienda varios días, en un apartamento alquilado por Mahecha pocos días antes sobre la carrera 5ª. Con un teléfono, una máquina de escribir y un radio, se preparó el material básico para el periódico en su reaparición y más tarde para investigaciones y libros como los de Arturo Alape.

Como ocurre ahora con los anuncios sobre remezones en periódicos, internet, televisión y radio, aquellos días del “Bogotazo” eran muy agitados en las redacciones, en las que sobresalía una juventud fogosa que buscaba dominar en diversos campos del mundo intelectual y tenía como aulas los cafés y tertuliaderos de los alrededores. Faltaban ocho años para que llegara el costeño de Aracataca que ha descrito en muchas páginas lo que era aquella redacción empeñada en hacer “El mejor periódico del mundo” y de la que salieron las chispas del realismo mágico premiado con el Nobel.

Del 9 de abril salieron importantes avances periodísticos. Lo que antes era simple “crónica roja” se convirtió en grupos serios de investigaciones para complementar la acción de la justicia. Felipe González, en El Espectador, e Ismael Enrique Arenas en El Tiempo, encabezaron esa transformación.

Bogotá tenía poca atención en los diarios para su urbanismo y sus vías públicas, hasta que la destrucción del “Bogotazo” hizo ampliar ese frente y Fernando Mazuera se convirtió en la gran figura que puso a la ciudad a hablar del metro, los puentes, los condominios y los centros comerciales. En nuestra redacción el motor del nuevo periodismo urbano fue Luis Fajardo Páez, quien recibió el apropiado apodo de “Bogotá”. En finanzas se inició con Darío Bautista el gran campo que se desarrolló al utilizar el papel rosado, a imitación del Financial Times. En deportes, creció el gremio que impulsaron los hermanos Camacho Montoya y líderes como Mike Forero. En fotografía se agregaron a los ya famosos de entonces profesionales como Hernán Díaz, Carlos Caicedo y Sady González.

Hay abundancia de olvidos en los recuentos que se hacen en estas conmemoraciones. Pero ya es grande la bibliografía y mucho lo que falta por escudriñar sobre lo que significó el brote popular de ira por el asesinato del más destacado político de aquel momento.

***

COLETILLA.- Falta el comité exhaustivo que precise lo bueno y lo malo que le dejó el “Bogotazo” a Bogotá.

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