Por: Hernando Roa Suárez
Construir democracia

El fortalecimiento del sistema educativo, la legitimidad y la transparencia de la Policía Nacional*

Al fortalecer el sistema educativo, la legitimidad y las prácticas administrativas transparentes, la Policía Nacional ampliará la confianza en la eficiencia y eficacia del Estado, como institución fundamental de una Nación con vocación democrática participativa. 

Estoy muy complacido de responder a su gentil invitación a este V Congreso Internacional de Ciencia de Policía. Mi enfoque está orientado por la perspectiva política democrática institucionalista. Deseo remarcar que, en el momento que vive Colombia hoy, el papel de la Policía Nacional, para la implementación de los Acuerdos y las prácticas de la convivencia ciudadana, es legítimo y estratégico, según nuestros preceptos constitucionales y prácticas sociales. Quien conozca la evolución del proceso de paz, en Colombia, ha de reconocer que la labor de la Policía Nacional ha sido básica para avanzar y construir la paz, hasta donde la hemos alcanzado. No olvidemos que este aporte –por supuesto- ha sido real, pertinente y complejo.
De otro lado, contextualizando la situación de la América contemporánea, tenemos algunos nubarrones en el horizonte, en relación con el futuro de la democracia. Una personalidad como el profesor de Harvard, Jeffrey Sachs, sostuvo en el evento internacional organizado por la Universidad Javeriana en 2017, con motivo de la visita del Papa, que “el señor Trump es un peligro para la democracia y para el mundo; es un ser impreparado, mentiroso e inexperto en el manejo de la vida política”. En escritos posteriores y recientes, el profesor Sachs ha continuado ampliando sus fundados conceptos al respecto. Complementariamente, la elección del señor presidente Bolsonaro en Brasil, tiene serias implicaciones para la implementación de la equidad y el desarrollo sostenible en su país y el continente; y por supuesto, la situación actual de la hermana Venezuela, las inestabilidades políticas centroamericanas y sus migraciones masivas –sin antecedentes- son una alerta para el destino democrático de América Latina, desde México hasta la Patagonia. 
Pensando en Colombia, quisiera acertar: Según mi inacabada percepción, la democracia colombiana sigue con dificultades por las prácticas politiqueras y corruptas de pseudo líderes astutos, populistas y caudillistas, buscadores de poder y muy hábiles en su enriquecimiento exponencial -personal y familiar-. Así mismo, encontramos la combinación entre el narcotráfico, los residuos guerrilleros, el paramilitarismo y la minería ilegal, unidos a grupos políticos que siguen siendo, prioritariamente, empresas electorales. No olvidemos que un partido político moderno debe ser una institución de la vida política que, con un programa, ideología y organización democrática y estable, busca alcanzar el poder para realizar desde allí el proyecto propuesto a consideración de los ciudadanos. 
Frente a ello, tenemos que estar muy atentos para impedir que, fuerzas reaccionarias, retardatarias, dogmáticas, fanáticas y, a veces, ilegítimas, perturben el destino democrático de nuestro país y de su Policía. Esta institución debe seguirse caracterizando por su legitimidad y eticidad, sin prestarse a alianzas con agentes solo buscadores de poder que han hecho grandes daños a nuestra institucionalidad y a la Policía, en distintos momentos de los últimos cinco decenios. 
Creo que una vía para afianzar la legitimidad es seguir laborando al más alto nivel, como un camino apropiado para realizarnos como servidores públicos. Conocemos que ser un servidor público policial es un honor y él nos debe acompañar desde cadetes hasta generales; desde estudiantes para suboficiales hasta su más alto rango. Así nos necesita la ciudadanía, cuya confianza debemos merecer y acrecentar.
Ser un servidor público policial es una vocación que debe permitir la realización personal y profesional. Complementariamente, ejercer la vocación con calidad, es tener sentido de la historia; saber que en el ejercicio de la convivencia estamos trabajando con personas y administrando bienes públicos. ¡Qué desafío para la juventud, nuestras instituciones y los futuros líderes demócratas de Colombia!
Pensando en la realidad colombiana de hoy, me inclino a pensar que al servir con calidad estamos acrecentando la legitimidad y el prestigio de nuestra Institución; a ello los invito. Una vocación así ejercida, les traerá beneficios personales e institucionales. Ser líder en este proceso es tener la visión, la misión, los objetivos y la filosofía incorporados a nuestro quehacer administrativo y profesional. 
Por el conocimiento que tengo de ustedes, tengo fe en que las nuevas promociones de nuestras fuerzas policiales, el fortalecimiento de sus instituciones educativas y, específicamente, de su Escuela de postgrados, contribuyan -dentro del marco de su labor legítima- a la implementación de los Acuerdos y a afianzar sus políticas institucionales de Convivencia ciudadana. Esta se me presenta como la tarea más significante de los tiempos futuros en Colombia.
Al fortalecer en nuestra Policía su sistema educativo, la legitimidad y las prácticas administrativas transparentes, se va a ampliar la confianza en la eficiencia y eficacia del Estado como institución fundamental de una Nación cuya vocación sustantiva debe orientarse hacia la construcción de una sociedad democrática, justa (con estructuras que organicen la equidad ante el poder); pacífica (con ausencia de violencia abierta, estructural y cultural); libre (sin sometimiento a potencia mundial alguna e interrelacionada con todas las naciones); y con capacidad de institucionalizar un proceso de desarrollo sostenible, según los preceptos de Naciones Unidas. 

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*La presente columna es un extracto de mi intervención en el V Congreso Internacional de Ciencia de Policía, celebrado en Bogotá el 20 de noviembre de 2018

** Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

 

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