Por: Lisandro Duque Naranjo

El frente externo

Muy justa la sentencia de la Procuraduría que inhabilita durante 16 años al exministro de agricultura Andrés Felipe Arias por "tres faltas gravísimas y una grave".

Igualmente ejemplar la condena que le espera por parte de la Fiscalía, que al momento de escribir este artículo ignoro cuántos años le significarán de patio.

A manera de daño colateral, la actual ministra de Vivienda y Medio Ambiente, la doctora Beatriz Uribe Botero, debe estar en ascuas por estos días. Apenas obvio, pues en el gabinete de Juan Manuel Santos ella es cuota de Arias, a quien le gerenció, cuando fue precandidato conservador, su campaña tan nutrida de retribuciones provenientes de los agradecidos “labriegos” que acapararon las millonadas de AIS. Como es posible que acerca de esas platas tenga que rendir testimonio y decir que su exjefe las consiguió a sus espaldas o que ella no le vio problema a su procedencia, debiera de una vez ir pensando en retirarse para no embadurnar al gobierno que incurrió en su nombramiento. Aunque la Unidad Nacional es una amalgama de matices, tampoco es que aguante la promiscuidad de sentar en la misma mesa a esta señora y a Juan Camilo Restrepo.

Roto ya el tabú sobre los “intocables” —varios ministros del presidente anterior, implicados cada cual en delitos diferentes—, es de esperar que un buen porcentaje del exgabinete de la confianza inversionista termine muy cohesionado tras las rejas, que ojalá no sean las de sus casas. No lo digo por mí, que me importa poco dónde sea mientras lleven su castigo, sino por los parlamentarios que al estar en La Picota van a sentirse de peor familia. Bueno, y por las cónyuges, que se aburren mucho todo el día en la casa “con el santísimo expuesto”.

El hecho es que el operativo judicial va cogiendo velocidad de crucero y ya pueden irse alistando, para sembrar “proyectos productivos” en las huertas carcelarias, los embajadores actuales en el Perú y República Dominicana, y los exembajadores en México y Roma, así como el exembajador de las EPS ante el régimen del octenio, y emisario de éste ante Yidis.

Se está quedando, pues, íngrimo quien a propósito del convicto de esta semana dijo alguna vez que era su “versión mejorada”. Qué tiempos aquellos.

Según intuyo por los últimos trinos del twitter identificado como “@alvarouribevel”, al igual que por las columnas de JOG en El Tiempo, el jefe de esa patota de reos está sintiendo pasos de animal grande y comienza a tomar previsiones. Muy torpes, pero previsiones en fin de cuentas. Su última alusión localista fue para pedir una reforma a la Constitución a afecto de sacar a la calle a los oficiales presos por lo del Palacio de Justicia, los falsos positivos y la ayuda a los paramilitares en masacres, pero su empeño mayor se inclina a la calumnia contra quienes no obstante ser de acá cuentan con acústica internacional, a saber: Daniel Coronell, Hollman Morris y León Valencia. A ellos agréguese la parlamentaria europea Isabelle Durant. A ninguno de los cuatro los rebaja de cómplices del secuestro y de aliados de las Farc, tal y como ya lo había hecho con Pérez Esquivel. El caso es clínico.

El patético personaje privilegia el frente externo por la sencilla razón de que desde afuera pueden pedirlo, o hacerlo agarrar en alguno de los países que visita, jueces internacionales decididos a sentarlo en el banquillo en vista de que aquí nadie se atreve a hacerlo. Es obvio que él está en el vértice de todos los delitos, al inspirarlos o permitirlos, mientras sus allegados que van cayendo a la guandoca están apenas implicados en algunos de ellos. Al ensamblar, sin embargo, esas piezas sueltas, lo que emerge es un personaje disfrazado de arriero.

De allí que uno piense que a esta versión masculina de Lady Macbeth le convenga más bien convencer a la Comisión de Acusación de que lo condene por algo. Ahí le suelto esa idea a su abogado Lombana.

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