Por: Daniel Pacheco

El fútbol podría hacer más que entretener y vender

Édinson Cavani, el delatero uruguayo, hizo algo extraordinario para el mundo hace poco. Algo más extraordinario incluso que los dos goles contra Portugal que tienen a Uruguay en octavos de final. Cavani escribió algo.

No me refiero a un post de Instagram, o un tweet en español e inglés de esos que delatan las manos de las agencias de publicidad y los managers para todo que tienen los futbolistas. Cavani escribió un artículo de más de 1.000 palabras en el que desarrolla una idea que no tiene que ver con táctica, o su futuro profesional, o sus técnicos preferidos. Cavani se escribió una “Carta a mí mismo de pequeño”, en el portal The Players’ Tribune. No es una obra para consagrarse en la literatura universal, pero con prosa humilde, sin pretensiones, hace más de lo que la mayoría de estrellas del fútbol han hecho en sus carreras de cientos de goles y millones de dólares: Cavani piensa, duda, recuerda y, lo más raro, cuestiona el sistema detrás del cual se ha conformado el juego más popular del mundo.

Por ejemplo, así describe el Cavani, de 31 años, la vida supuestamente soñada del futbolista exitoso a su yo de nueve años: “Vas de un hotel a un bus y de ahí a un campo de entrenamiento. Después del campo de entrenamiento a un bus y a un avión. Del avión vas a otro bus. De ese bus vas a un estadio. En muchos aspectos, estás viviendo en un sueño. Pero en muchos otros, también eres prisionero de ese sueño. No se puede ir afuera y sentir el sol. No te puedes quitar los botines y jugar en la tierra”.

La vida de los futbolistas es solo uno de los aspectos problemáticos del fútbol que quedan sepultados debajo de la magia de los 90 minutos que el mismo Cavani trae a cuento cuando recuerda las palabras que su padre le repetía cada vez que entraba al campo de juego: “En el momento en que cruzas la línea de cal y entras al campo, solamente es fútbol. Nada de lo que pasa afuera de esa raya te ayudará con lo que pasa adentro. Nada más existe”.

Esta lógica, la magia de la impredictibilidad del juego donde todo puede pasar, contrasta con la realidad de la industria que se ha creado detrás. Un juego donde algunos protagonistas son los representantes de la marginalidad, la injusticia y las desigualdades más abyectas de todo el mundo (la Selección Colombia es un ejemplo perfecto), donde consiguen un poder y una influencia impensables, que es casi invariablemente sometida y domesticada por los lujos, las oportunidades comerciales y la farándula deportiva. ¿Cuándo han oído a un futbolista criticar al poder, criticar las condiciones de miseria que muchos de ellos lograron superar? En cambio, ahí están, sumisos y prestos a vender cualquier cosa que les pongan.

La magia verdadera del fútbol no es de la que le hablaba su papá a Cavani, eso de que dentro de la cancha “nada más existe”. La magia es que por fuera tampoco exista mucho más. No existe la sanción social sobre los esquemas de evasión sistemática de impuestos, por los que han sido condenados penalmente Messi y Ronaldo, entre muchos otros. No existe mayor controversia porque el Mundial actual y el próximo en Qatar hayan sido entregados con sobornos a autocracias dictatoriales.

No se trata de volver el fútbol un terreno de enfrentamiento político, pero sí es triste ver cómo todas estas oportunidades para utilizar la enorme plataforma futbolera para discutir otros temas (raza, migración, pobreza, religión) son absolutamente censuradas y desaprovechadas. En el fútbol lo impensable desafortunadamente se queda siempre dentro de la cancha.

@danielpacheco

 

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