Por: Álvaro Camacho Guizado

El futuro poético de Uribe

EL DIARIO EL TIEMPO PUBLICÓ EL 11 de mayo en su página tercera una foto que deberá pasar a la historia reciente de las jugadas del ajedrez político nacional. En ella se ve al presidente Santos rodeado de dos de los más connotados sirvientes actuales del presidente Uribe, pero también de los más reconocidos e inescrupulosos voltearepas de ese ajedrez contemporáneo. Me refiero a los señores Juan Lozano y Roy Barreras, quienes sin duda a partir del momento de la foto ya estaban imaginando cómo sería la siguiente voltereta que los ponga del lado de Santos para algo más que un retrato.

Se trató de la reunión en la que Santos ratificó que en Colombia sí hay un conflicto armado, con lo cual se distanció una vez más de Uribe, a la vez que derrotó de nuevo una de las posiciones más recalcitrantes de su antecesor. Parece que en esa pugna ideológica Santos va derrotando sistemáticamente a Uribe, y hasta Lozano y Barreras se habrán dado cuenta de que están en el lado perdedor, lo que los llevará a acelerar su maroma.

Pero como si esto fuera poco, en la foto aparece también el Almirante Cely, a quien Santos impuso en la jefatura de las Fuerzas Armadas, brincándose  el supuesto derecho natural de los miembros del ejército uribista a ser ellos los grandes jefes. Resulta que la declaración de la existencia del conflicto armado  pone felices a los militares, marinos, aviadores y policías, porque así encuentran justificación a sus operaciones.

En síntesis, el gran derrotado es el expoderosísimo expresidente. Parece que poco a poco se va quedando solo, resignado a utilizar su Twitter para desfogar sus iras y tratar de reivindicar su pasado como gobernante y defender a sus emproblemados subalternos, cuando realmente lo que tiene es lo que alguien ha llamado el síndrome de la viudez de poder.

Y como si lo anterior fuera poco, ahora sale Antanas Mockus a advertirle a Peñalosa que tiene que elegir entre su  apoyo y el de Uribe. Peñalosa debe estar calculando que la popularidad de Uribe puede garantizarle una copiosa votación, probablemente mayor que la que le aportaría Antanas. Sin embargo, éste ya se midió en la carrera presidencial, y mostró que es capaz de conseguir una votación muy alta, en tanto que Uribe sólo puede ofrecerle una fuerza cada día más débil.

Es claro, pues, que en todos los terrenos Uribe desciende en el aprecio de los colombianos. Todavía, sin embargo, puede hacer algo para detener su caída. Puede, por ejemplo, dejar de lado la politiquería y dedicarse a recitar poemas de Jorge Robledo Ortiz, como aquel que dice:

... Ya mi rencor no exige la venganza,

aprendí a perdonar toda esperanza

como un bello pecado original.

 

Llevo en las manos tantas despedidas,

y en lo que fue el amor tantas heridas

que me tornado un hombre elemental.

 

Ojalá que su rencor no exija más venganzas. Ojalá que aprenda a perdonar, y ojalá que esa nueva situación de hombre elemental le pueda ahorrar más despedidas.

 Porque si no lo logra, es muy probable que en breve tiempo empiece a deleitar a los suyos no con poemas de Robledo Ortiz, sino con canciones de Darío Gómez, el rey del despecho.

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Álvaro Camacho Guizado

Las masacres y la política

La avalancha del TLC

Los estudiantes y la protesta

Rito Alejo y Garzón

Alfredo Correa de Andreis: in memoriam