Por: Luis Carvajal Basto

El G 20 mira al futuro, Colombia distraída

Mientras el mundo avanza con medidas de fondo hacia formas de gobierno mundial, en Colombia no se ponen de acuerdo el Gobierno y las entidades territoriales para tomar medidas conjuntas frente a la crisis. La reforma tributaria propuesta al congreso no se entiende.

Las decisiones tomadas en Londres van bastante más allá de las sanciones y disminuciones salariales a los dirigentes empresariales, que llevaba en su portafolio el presidente Obama, en principio poco amigo de la regulación.

La inyección a las economías de un billón de dólares, el fortalecimiento del Fondo Monetario Internacional, que tendrá tres veces más recursos, y la creación de un consejo de estabilidad financiera, parecen lo destacable en la reunión de los veinte países más ricos.

Pero quienes quieren devolver la rueda de la historia y de manera oportunista apostaban por obsoletas formas de proteccionismo, al estilo Chávez, Evo o  Correa, deberían leer la declaración final en que se conmina a dar término a Doha y se ratifica la apuesta por el libre comercio.

Los llamados países emergentes, como China, India y Brasil, obtuvieron un reconocimiento acorde con la importancia de sus mercados. Los que tienen, a pesar de la crisis, superávit comercial, otra vez China, Japón y Alemania, asumieron posiciones pragmáticas, en el entendido de que no basta con competitividad sino que se requiere una globalización sana en la que sus compradores tengan recursos con que pagar.

Se abre una nueva era en las instituciones internacionales en que un remozado FMI dispondrá no solo de los recursos sino de la capacidad de coerción para garantizar unas reglas de juego claras. Ahora será un instrumento de gobierno mundial.

Cabe esperar que las medidas tomadas por los líderes del mundo, comiencen a devolver la confianza a inversionistas y ciudadanos del común. Pero no deben quedar dudas  de que quienes, desde el sistema financiero, aprovecharon la falta de reglas y las zonas grises del Estado Nación en la era de la globalización, no van más.

Mientras que en el mundo los países reducen parte importante de sus “soberanías” en aras del bienestar general, en Colombia resulta increíble que nuestro plan anti crisis no se comience a ejecutar por incapacidad y “diferencias” entre el gobierno central y las entidades territoriales.

La cosa no es de poca monta. Estas manejan más del 50% de los recursos públicos, como consecuencia de la descentralización. Las asociaciones de gobernadores y Alcaldes deben entender su responsabilidad y dejar de ser entidades de papel que convocan con frecuencia “cumbres” para sentarse a almorzar, tomarse fotos y producir “saludos a la bandera”.

Si no se ponen de acuerdo para ejecutar recursos, entre otras cosas por los naturales y encontrados intereses del ajedrez político, ¿cómo será la cosa para controlarlos cuando el principio del momento es ejecutarlos rápidamente, para contrarrestar los efectos de la crisis?

De la mano con el proyecto para la reelección de alcaldes y gobernadores que comienza a tramitarse en el congreso, la procuraduría general y la contraloría deben presentar uno de emergencia para garantizar la transparencia en la ejecución de esos recursos.

El límite de la intervención de los entes estatales para superar la crisis, es la propia capacidad de endeudamiento, la cual deberá estirarse en esta ocasión hasta sus más altos niveles. Gastemos bien y pronto, pero cuidado con el control.

Dicen círculos cercanos a la Procuraduría que, más temprano que tarde, 10 gobernaciones podrían quedar interinas por sanciones derivadas de procesos en curso. ¿Cuántas serán después de la ejecución de los recursos anti crisis?

POSDATA: Otra reforma tributaria no le conviene a nadie. Además, cualquiera puede decir que si no son capaces de ejecutar lo que tienen, no está copada su capacidad de endeudamiento y los escándalos de corrupción son el pan de cada día, ¿para qué quieren más plata gobernadores y alcaldes?

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