El giro de los hipócritas

Noticias destacadas de Opinión

Hizo un gran ridículo internacional el uribismo felicitando y prometiendo trabajar en los nuevos tiempos con el gobierno de Joe Biden. La genuflexión tradicional ante el trono del norte no podía traicionarse, aunque haya llegado al poder justamente el candidato que quisieron desacreditar desde todos los flancos, moviendo sus fichas en las franquicias políticas de la Florida, interviniendo en lobbies y comunidades, gestionando llamadas y solicitando reuniones secretas desde la embajada de Washington, como lo dejó ver el expresidente Juan Manuel Santos sobre su propio primo, su archienemigo y embajador con ínfulas de emperador inderrocable. Ahora tendrán que sostener las relaciones insistiendo en los beneficios del mismo bipartidismo que intentaron romper sin pudor ni vergüenza, avivando la gloria de un demente destructor para asegurar los pactos que creían fijos contra el proceso de paz que tenían adelantados con su respaldo. Habían tenido el beneplácito del magnate que cambiaba de parecer y de principios con el mismo ritmo de sus obsesiones, y pensaban seguir construyendo un futuro político de represión con la aprobación ciega del contubernio.

Todo ese estandarte general se derrumbó con la victoria de Biden, y no les quedó otra alternativa que la hipocresía y la desvergüenza. Desde Washington, el embajador de todas las barajas y caretas, según el momento y el contexto del poder, estará intentando recobrar las relaciones perdidas con llamadas desesperadas a los nuevos despachos, acosando a sus interlocutores potenciales con su palabrería vacía y su frivolidad monumental. Se les puede ver ahora intentando revolcar sus decisiones tomadas para salvar una sola de las posibilidades que les queda después del boicot, uno solo de los acercamientos que les queda después de destrozar la historia bilateral de los gobiernos, y una sola carta entre el panorama desolador que ven en contra. Aunque el partido demócrata no haya sido precisamente benévolo con el mundo, y hayan repetido también las invasiones a otras culturas y territorios como lo ha hecho la tradición de los republicanos, es evidente que la agenda progresista es una prioridad, y allí no podrán negociar con sus alfiles medievales y sus teorías precopernicanas del pecado. Su embajador surrealista ante la OEA y sus voceros arcaicos no tendrán receptividad, y estarán obligados a cambiar bajo presión el discurso que creían perpetuo con el respaldo de su aliado perseguidor de extraños a la raza oficial y al dogma político inviolable. Duque, cada vez mas solo y arando en el desierto, se verá obligado a un absurdo mayor en sus declaraciones públicas: narrar lo irreal, alabar los progresos que él mismo ha destruido, sugerir el cumplimiento a los Derechos Humanos que ha omitido entre sus pactos, y asegurar, con más cinismo y descaro, que el proceso de paz de su país es un ejemplo a las generaciones del mundo y un hito mundial de reconciliación entre hermanos, mientras los líderes sociales siguen masacrados ante su impavidez, y los cuerpos siguen cayendo como moscas frente a su rostro perdido y siempre infame y vergonzoso.

Comparte en redes: