Por: Luis Carvajal Basto

El gobierno Santos

La tarea fundamental del nuevo gobierno consiste, como lo propuso su eslogan de campaña, en  usar las políticas y los recursos públicos para convertir el crecimiento  económico en prosperidad mediante el aumento de la riqueza social. Difícil será conseguirlo sin nuevos impuestos.

El decálogo de gobierno proclamado en anapoima es enfático en lograr eficiencia en la gestión pública. Al fin y al cabo el buen gobierno  contemporáneo es cada vez más un problema de administración y menos uno de filosofía. Los principios o el norte son los mismos de la llamada, en su momento, tercera vía: "El mercado hasta donde sea posible, el Estado hasta donde sea necesario¨, que hace obsoleta la confrontación ideológica y es, decididamente, un propósito Liberal.

El nuevo gobierno ha superado los ecos de las fricciones anti reeleccionistas y buscado un clima de armonía propicio para conseguir resultados. El “acercamiento” con las cortes es apenas natural y pertinente, luego del “triunfo” de la oposición jurídica a la reelección de Uribe, un Presidente que deja de serlo pero es inmensamente popular. El fracaso de la reelección es claramente imputable a la chapucería de sus promotores y a la baja calidad de su equipo de colaboradores, pero no a la falta de respaldo popular, lo cual confirma la pobreza de la oposición política al gobierno saliente.

El nivel del nuevo equipo de gobierno, el mejor posible, señala que con Santos se impondrá un estilo gerencial  que usará más matemáticas, tecnología,  estadísticas y encuestas que “manzanilla”. Se encuentra un congreso renovado en su composición, fundamentalmente en la cámara, con el que tendrá que gestionar Leyes importantes y urgentes para resolver problemas en temas de salud, pensiones, Justicia y Hacienda.

Su intención de gobernar con partidos y movimientos y no al detal, le hará conocer la necesidad de emprender una reforma política en profundidad. El nuevo presidente del Senado se ha anticipado, señalando que al congreso le han quitado bastante de su patrimonio. Olvida que  en un régimen presidencialista el congreso realiza transacciones, lo cual es natural, pero no cogobierna.

Por otra parte, lo ocurrido con los dos congresos anteriores hizo pensar a muchos que en una democracia un mal congreso es mejor que ninguno, lo que, en ese momento, fue el argumento más sólido para justificar su existencia. El nuevo congreso tiene la tarea enorme de rescatar su  alicaído prestigio e imagen pública.

Los retos de crecer y redistribuir para prosperar, encuentran a Colombia en un momento en que la fortaleza de su dinámica interna le permitió sortear con éxito la pasada crisis mundial y la de relaciones con Venezuela que, sin embargo, dejó una tronera en las exportaciones y el empleo. Medidas inteligentes como la suspensión del IVA en las zonas de frontera deben ser mantenidas e incluso complementadas con otro tipo de ayudas y subsidios, lo cual requerirá un mayor esfuerzo fiscal, entre tanto la baja en el recaudo se compensa con el incremento de los volúmenes de comercio.

El gobierno de unidad nacional inicia con un respaldo sin precedentes en nuestra historia, al punto de convocar a casi la totalidad de las fuerzas políticas en su proyecto. Las va a necesitar para encontrar la manera de sostener el nivel de gasto público, también indispensable en la perspectiva de crecimiento, y mejorar los niveles de empleo, sin recurrir a nuevos impuestos. 

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