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El Gobierno y los tapabocas

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Cuando comenzó la pandemia, el Gobierno pidió a la industria que ayudara en la lucha contra ella. En respuesta, muchas miniempresas, siguiendo la petición ministerial, hicieron inversiones considerables y se volcaron a fabricar elementos de seguridad necesarios, con artículos confiables y de alta calidad. La producción de tapabocas, máscaras y batas protectoras fue además una tabla de salvación que permitió la supervivencia de esas empresas, ayudó a Colombia en un momento crítico y defendió casi un millón de empleos.

Pero a este paraíso ideal llegó la tradicional serpiente en la forma de importación de iguales elementos de países asiáticos, en especial China, que habían comenzado a despachar en forma masiva los mismos productos que salvaron a tanto industrial en Colombia. Ellos no tenían ni IVA ni arancel mientras que el nacional sí tiene que pagar sobre los insumos un IVA sin devolución, o sea que el colombiano tiene un costo financiero adicional. Eso permitía a los importadores vender a precios que desplazaban a las pymes que habían logrado crear un producto viable que beneficiaba tanto al consumidor como al productor.

Este era un problema mayor, ya que si el Gobierno impulsó al industrial colombiano a invertir millonadas para producir esos elementos, si esa producción satisfacía las necesidades del país y si estaban siendo desplazados por importaciones de mercancía asiática, la obligación era defender a quienes fueron orientados hacia esos productos. Parece que el Gobierno se percató del problema y ha anunciado restaurar los aranceles e IVA, un respaldo a los nacionales que evita su naufragio y además protege los miles de empleos que estaban en vilo por esa competencia desleal. Ojalá no demoren en hacerlo.

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