Por: Oscar Guardiola-Rivera

El golpe

Dos narrativas compiten por la verdad sobre la situación política en Europa y las Américas.

De un lado, el cuento de la izquierda irresponsable y siempre equivocada. Se le opone otro según el cual, dada tal irresponsabilidad y la voluntad firme de derechas de cumplir obligaciones dadas por tradición o convicción, tan sólo ésta puede ser depositaria de nuestra confianza. Para la primera narrativa, de Atenas a Caracas y Brasilia, gobiernos izquierdistas demuestran su irresponsabilidad al prometer lo imposible, administrar mal la confianza y economía públicas, y romper las obligaciones surgidas del pacto convencional, la convicción y “realidades” económico-legales.

Tales realidades se suponen inflexibles. Se asume que sólo tras aceptar lo real (incluyendo a dios) como un límite externo al pensamiento y la voluntad podríamos preguntarnos qué hacer. Una vez respondamos formulando ciertas coordenadas básicas, deberíamos actuar persiguiendo de manera despiadada dichas formulaciones. Para la segunda, dadas la irresponsabilidad izquierdista y la supuesta constancia de la derecha, al público sólo le es posible confiar en ésta y por tanto es justo, si no su obligación, que la derecha se haga de nuevo con el poder cueste lo que cueste.

Aunque estas narrativas parezcan opuestas, no lo son tanto. Es cierto que la primera versión nos la ofrecen a diario los medios más o menos conservadores de opinión que cubren de manera harto superficial lo que sucede entre Atenas y Caracas. Pero existe también una versión izquierdista según la cual si un gobierno radical busca ganar tiempo para maniobrar capitula y traiciona la confianza pública. Y la segunda narrativa con frecuencia alimenta la paranoia izquierdista que advierte “¡Golpe!” con la misma frecuencia que Pedro y el lobo.

Esa izquierda “sacra” aún responsabiliza al gobierno de Allende por haber buscado ganar tiempo. La semana pasada acusó al gobierno griego de traicionar sus convicciones al buscar un acuerdo. Ambas acusaciones son falsas. Lo históricamente cierto es que aún si no hemos de creer en conspiraciones hubo una en el Chile de Allende que podría repetirse en Grecia, como pasó en Venezuela, Paraguay y Honduras hace escasos años. Tal es el sentido del manifiesto firmado por intelectuales brasileños que denuncia que detrás del uso de las noticias de corrupción en Petrobras existe una campaña para “abreviar” el período del PT.

Deberíamos darles crédito. Si hemos de defender los derechos de la oposición, con igual firmeza deberíamos exigir su renuncia a cualquier forma de violencia física o económica que busque “abreviar” un período o justificar salidas no democráticas. Es lo correcto.

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