Por: Columnista invitado

El grafiti mas allá de 'El Tiempo'

No sólo en Colombia, sino también en los Estados Unidos, los medios publicaron sobre la Toma de Grafiti que se realizó durante 24 horas en las ciudades de Bogotá, Cali Medellín, Cartagena, y que se está organizando en Ibagué, Pereira, Manizales, Pasto y Cúcuta.

Los artistas de grafiti han llamado esta acción “Nuestra Revolución”.

El periódico El Tiempo atribuye este fenómeno a que se borró la pintura hecha por Justin Bieber e ilustra la ambigüedad de la administración pública en la represión policiaca y la promoción de su práctica. El argumento clave en el artículo es la defensa del interés general, sugiriendo poner límites al grafiti, ya que “tanta tolerancia conduce a espacios públicos pintorreteados sin ton ni son, lo que genera un grave deterioro del entorno urbano”. Y recomienda que esta expresión no se desarrolle con los recursos públicos, derechos de la mayoría.

Podríamos preguntarnos: ¿Qué representan los derechos de la mayoría, cuando el alcalde mayor de Bogotá es elegido con 700 mil votos y el movimiento de Grafiti/Hip Hop en la ciudad es representado por mas de 900 mil jóvenes (según la secretaria de Cultura, Clarisa Ruiz)? ¿Cómo se evidencia que el monumento del maestro italiano Cesare Sighinolfi representa la voluntad de la mayoría? ¿Cómo recomendar no invertir recursos públicos en pintura para la expresión artística de jóvenes, cuando el mayor gasto público es destinado a equipamiento y personal de guerra, para la represión de otros jóvenes que practican el sicariato, la extorsión y el trafico como rebelión?

Previo a los descalificativos de “sin ton ni son”, habría que educar sobre lo que es el grafiti, su historia, sus tendencias y sus propósitos: práctica que asciende desde las cavernas y trasciende las galerías posmodernas; ya no sólo son rayones que han sido voz de resistencia y redignificación de pueblos oprimidos, son obras de arte, de muralismo educativo, herramientas pedagógicas psicosociales, con piezas abstractas y multidimensionales, y tags/firmas de autorreconocimiento, promoción de identidad.

¿Qué tan grave puede ser el deterioro urbano con la pintura, las cuales en su mayoría son plasmadas en edificaciones en ruinas, en el centro y las periferias de ciudades desarrolladas sin planeación urbana, donde los edificios se desploman y las calles se inundan por las lluvias, llenas de huecos, sucias, contaminadas por el exhosto de los vehículos, las fábricas, los carteles publicitarios, la propaganda electoral?

No existe ninguna ambigüedad en la administración, su decreto y el código policiaco, todo va hacia una misma dirección: ponerle bozal al grito de expresión de los jóvenes. Pero todas las naciones del mundo que lo han intentado, han perdido la guerra contra el grafiti. Pues, ¿cómo apresar el espíritu? Esta revolución no se dio por Justin Bieber, se dio por el cansancio de los artistas a las injusticias, la intolerancia y las violaciones a sus derechos humanos, por el despertar y tomar conciencia de sí mismos.

Es irresponsable insinuar que el exceso de tolerancia por el grafiti es malo. Por el contrario, en un país en proceso de reconciliación, el grafiti es una buena práctica de tolerancia crítica, de respeto por las diferencias, alteridad y autocrítica, ejercicio necesario para la coexistencia y la convivencia, después de la firma en La Habana…

 

 

Don Popo*

 

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