Por: Antonio Casale

El gran clásico, primera parte

Terminó la primera parte de la saga de cuatro clásicos entre Real Madrid y Barcelona. Un emotivo empate que deja varias conclusiones de cara a lo que viene.

Lo primero es que es muy difícil encontrar en el planeta tierra a un par de equipos capaces de jugar tan bien al fútbol. Dirigidos magistralmente desde el banco, con sus diferencias en estilo, pero con jugadores que interpretan perfectamente lo que sus líderes pretenden y al tiempo sacan lo mejor de su repertorio individual para hacer de esta saga, cuatro películas imperdibles.

Lo segundo es que, en esta primera entrega, aunque el marcador no benefició en nada al Madrid, que oficiaba como local y hubiera querido desquitarse del 5 a 0 de la primera vuelta en la liga, sí se vio un partido muy parejo, incluso, ligeramente inclinado a favor del conjunto merengue.

Mourinho, como siempre cuando le ha ganado a esta versión histórica barcelonista, le cedió el balón al rival, pero puso a tres hombres a generar corto circuito en la circulación de balón blaugrana, y le funcionó. Pepe fue el caudillo en esa labor, y Xavi Alonso y Khedira estuvieron a la altura. Al momento del gol de Barcelona, Madrid era un poco más en el terreno de juego, al punto de haber tenido las oportunidades más claras de abrir el marcador.

Después del tanto de Lionel Messi, Barcelona pecó porque se relajó, finalmente tanto la victoria como el empate le venían bien. Pero, ante la inferioridad numérica, Mourinho manejó los hilos magistralmente desde el banco. Se dio sus mañas, no solo para no dejar de presionar en la mitad al rival, sino que encontró las variantes ofensivas necesarias para lograr las oportunidades de gol más importantes en ese pasaje del partido.

Es cierto, después de lo del sábado

 

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