Por: Mauricio Botero Caicedo

“El gran héroe de esta historia…”

ROBERT KAGAN, COLUMNISTA DEL Washington Post, es posiblemente el analista de asuntos internacionales más incisivo de Estados Unidos.

En reciente artículo, cuyo tema principal era la decisión de la Corte Constitucional sobre el referendo, Kagan afirma: “El gran héroe de esta historia es Álvaro Uribe… quien, sin importar sus ambiciones personales, le ha dejado a los colombianos un sistema político basado no en el poder y el carisma sino en el Estado de Derecho”.

Existe una enorme brecha entre el país que recibió Álvaro Uribe en 2002 y el que está entregando en 2010. Esta sorprendente transformación, positiva en casi todos los campos, la reconoció el electorado dándole —en las pasadas elecciones legislativas— una victoria abrumadora a aquellos candidatos y partidos con el compromiso de continuar los programas del Presidente, simultáneamente castigando a los candidatos y partidos que aseguraban que le darían un vuelco radical a las políticas de Uribe. No resiste mayor discusión el triunfo de los partidos que apoyaron al Presidente, la U, el Conservador, y Cambio Radical, sufriendo singular derrota el Polo, opositor contumaz de la gestión del Mandatario.

Puede ser oportuno analizar las realizaciones de el gobierno de Uribe en cuanto a seguridad democrática y confianza inversionista. En el campo de la seguridad democrática, aún los más recalcitrantes opositores de Uribe reconocen que la seguridad —y muy especialmente en el sector rural— ha vuelto al país, que los narcoterroristas están arrinconados y que el secuestro prácticamente ha desaparecido. Algunos analistas mantienen que el país está en guerra. El confundir un conflicto de orden público, principalmente motivado por los actores armados involucrados en el negocio del narcotráfico, es un error. No se puede olvidar que tanto los narcoterroristas de las Farc y del Eln, los ‘paracos’, los narcotraficantes a secas, y parte no despreciable de la clase política, son todos hermanos de leche: es decir, maman de la misma ubre que es el cultivo, refinación, transporte, distribución y consumo de estupefacientes. En lo que sí aciertan muchos analistas es que la solución es la legalización de la droga. Dicha legalización va a producir traumatismos, traumatismos que el mundo tendrá que aprender a manejar y que muy probablemente no serán más graves que los que produce el consumo del tabaco y del alcohol. En la guerra contra el narcotráfico no podemos seguir siendo los colombianos los que ponemos los muertos y los desplazados, mientras que los países desarrollados, especialmente los europeos y los norteamericanos, son los que financian ambos lados del conflicto.

En relación con la “confianza inversionista”, algunos afirman que la proliferación de ‘pirámides’ ilegales es una palpable demostración del fracaso de las políticas de Uribe. Nada más alejado de la verdad: no se puede ni se debe confundir una recua de inversionistas desinformados, ignorantes o codiciosos, con “desconfianza inversionista”. Jamás en la historia el país ha tenido mayor inversión en todos los sectores, empezando por el de la construcción; y lejos de existir una fuga de capitales, lo que se observa es una repatriación masiva de capitales que en épocas pasadas buscaban seguridad en el exterior. La alta tasa de desempleo es el resultado más que todo de la rigidez laboral y de los parafiscales, ambos aspectos que contribuyen con el incremento injustificado del empleo informal y el pluriempleo, no de las políticas económicas, ni de los incentivos fiscales, del actual gobierno. Nunca tanto compatriota había tenido casa, carro, y acceso a educación. Si esto no es ‘confianza’, ¿qué es?

Buscar columnista