Por: María Paula Saffon

El gran liberal

CARLOS GAVIRIA FUE UNO DE LOS más grandes hombres de la izquierda en Colombia.

Defendió siempre —como intelectual, juez y político— posiciones encaminadas a enfrentar la tremenda desigualdad socioeconómica del país y a desafiar a las élites políticas que la han permitido y que se han beneficiado de ella. Pero además contribuyó a lograr lo que quizás nadie más habría podido lograr: unir y mantener unidas las diversas y en muchos casos antagónicas ramas de la izquierda bajo un solo partido. A pesar de las difíciles crisis por las que atravesó el Polo, para Carlos siempre fue fundamental que existiera una oposición real en el país, y ello implicaba evitar fraccionamientos ocasionados por egos o rencillas personales. En muchos casos, a pesar de sus diferencias ideológicas y pragmáticas, los miembros del Polo permanecieron en el partido porque Carlos continuaba siendo su mayor referente político. Pero su insistencia en sacar el Polo adelante le valió no pocos distanciamientos con amigos y colegas cercanos.

Ser de izquierda no hizo, en lo más mínimo, que Carlos dejara de ser liberal. La tensión entre liberalismo e igualitarismo, tantas veces hecha evidente por regímenes liberales oligárquicos por un lado y autoritarios de izquierda por el otro, se disolvía por completo en su pensamiento. Para él, los propósitos de redistribución e igualdad no podían satisfacerse a costa de las libertades. Pero las libertades perdían su sentido profundo si no podían ser disfrutadas por todos los ciudadanos. Esa postura era verdaderamente radical en un país tan azotado por la desigualdad como Colombia, en donde en la práctica millones de personas desplazadas, presas, desempleadas, abusadas o estigmatizadas sexualmente, discriminadas por su raza o etnia, no están incluidas en el concepto de ciudadanía, y sus derechos más básicos no son reconocidos. Por eso, Carlos fue un radical de izquierda debido a que era el más concienzudo y consecuente de los liberales colombianos. Por eso también, Carlos dejó una pauta clara sobre lo que implica ser un liberal en un contexto como Colombia, que sin duda nos permitirá desenmascarar a muchos de quienes se pregonan liberales pero admiten y legitiman la desigualdad.

A pesar de la inmensa importancia que les daba Carlos a la política y la cosa pública, no fue eso lo que más le importó en la vida. Como muchos han dicho, disfrutaba inmensamente de los placeres intelectuales y estéticos, en especial de la filosofía, la literatura y la música. Pero de lo que más disfrutaba, según me decía a menudo, era de la amistad. Por eso le extrañaba que, con contadas excepciones, como la de Aristóteles, la filosofía le hubiera dado tan poca importancia a este tipo de relación social, fuente de inmenso goce y libertad porque no es impuesta sino que puede ser seleccionada. También le extrañaba que tan pocas personas estuvieran dispuestas a dedicarle a la amistad el tiempo que necesita para florecer y cultivarse. Carlos siempre tuvo tiempo para sus amigos, y siempre les dio prioridad a las largas charlas íntimas en su agenda. Quienes estuvimos cerca de él tuvimos el inmenso privilegio de disfrutar de su tremenda inteligencia, pero sobre todo de su insuperable calidez humana, que lo hizo preocuparse por los detalles más simples de nuestras vidas cotidianas, celebrando las cosas buenas y también lidiando con las dificultades como si fueran suyas.

Adiós, querido Carlos. ¡Cómo te extrañaremos!

 

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