Por: Gustavo Páez Escobar

El gran majadero de América

Con este título publica la Editorial Planeta, en asocio de las Universidades Salerno de Italia y Católica de Colombia, un libro de la autoría de los profesores Giuseppe Cacciatore y Antonio Scocozza, suceso que se ubica dentro del Bicentenario de la Independencia.

Se saca el título de la frase pronunciada por el Libertador poco antes de morir en la quinta de San Pedro Alejandrino: “Los tres más grandes majaderos de la historia hemos sido Jesucristo, Don Quijote… y yo”.

Agobiado por la tristeza, la soledad y la pobreza y víctima de la ingratitud de sus compatriotas, Bolívar ve en esos momentos que su obra por la unión de los países que ha libertado está desmoronada. Lo han dejado solo, y además es objeto de ataques, injusticias y oprobios, luego de haber librado las batallas más intrépidas por la emancipación americana. Dos años atrás, manos asesinas por poco le arrebatan la vida. Hasta tal extremo habían llegado las marejadas del odio y las pasiones rastreras.

Los profesores italianos reúnen en su libro, para estudio de las nuevas generaciones, una antología de los documentos más relevantes de las campañas del Libertador. Manifiestos, cartas, proclamas, discursos, decretos, todo en orden cronológico, y sin notas interpretativas –que sobran, por supuesto–, se ofrecen al lector con el propósito de repasar la historia y sacar las conclusiones que cada cual quiera formularse. Hoy, dos siglos después de sucedidos aquellos hechos, queda más fácil juzgar los episodios que en su momento dieron lugar a pugnaces controversias, rencores y tergiversaciones.

Este libro, que no pretende influir en la mente del lector, aunque sí ayudarlo a dilucidar tramos oscuros de la historia patria, presenta las ideas y las luchas del hombre visionario que buscó, ante todo, redimir a los pueblos del dominio español. A lo largo de esas lecturas podrá captarse, con absoluta independencia conceptual, el pensamiento político del creador de cinco repúblicas.

Al final de sus días, cuando el mismo Libertador se endilgó el apelativo de “majadero”, y lo extendió a Jesucristo y a Don Quijote –grandes soñadores como él–, entendió que sus empeños por la integración de las naciones americanas y la consolidación de la Gran Colombia habían sido estériles. Pecó, sin duda, de inexactitud, ya que postrado por el abandono de sus amigos y la causticidad de sus enemigos, no lograba comprender, en un momento de total desengaño y hundimiento espiritual, la magnitud del olvido y la perfidia. Solo la Historia se encargaría, y así lo ha hecho en el Bicentenario, de rehabilitar la obra libertaria.

Interesante resultará para los constitucionalistas de nuestros días el estudio de las normas elaboradas por Bolívar para forjar la vida jurídica de los pueblos. Algunas de esas ideas fueron rebatidas en sana controversia, pero todas ponían de presente la intención de acertar. La Constitución de Bolivia fue redactada por él y se puso en pronto funcionamiento.

En estos documentos se aprecian las dotes del pensador, del literato, del escritor de vasta erudición que había estudiado con profundidad los preceptos que gobernaban la vida de los países avanzados de Europa. Por eso, no es de extrañar la claridad mental, la fuerza de los argumentos y el bello estilo que imprimió a sus escritos. Bolívar era un clásico del rigor gramatical y la elegancia de la expresión, dones que se evidenciaban no solo en los papeles oficiales sino en su correspondencia privada. En este sentido dejó lecciones imperecederas para los gobernantes de todos los tiempos.

Su obsesión por la libertad, su defensa de los oprimidos, sus embates contra la tiranía, sus luchas sin cuartel contra la corona española fueron siempre su brújula al buscar la redención del hombre americano. Conforme era temerario, así mismo no conocía la indecisión ni la marcha atrás. Tuvo errores militares, e incluso humanos, pero su destreza le permitía salir siempre adelante. Dueño de inquebrantable voluntad por el bien común, ejecutó las acciones más osadas y más valerosas. Sin él, no se hubiera conseguido la libertad americana. Su genio se lo reconocían –y se lo reconocen hoy– hasta sus propios adversarios.

Difícil conseguir un hombre tan grande como Bolívar. Ni más convencido de  sus ideas y de la unión de los pueblos. Sin embargo, su propia dimensión histórica le hizo ganar malquerencias, incomprensiones, atentados de muerte. Tal es la naturaleza humana, y a eso debemos atenernos. Pero su gloria y su significado histórico perduran a lo largo de los siglos.

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