“El Gran Reinicio”

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Un nuevo orden mundial es la propuesta que encabeza el Foro Económico Mundial de Davos, al que su presidente Klaus Schwab ha llamado la Cuarta Revolución Industrial y que en general explica en su artículo del 20 de enero. Considera que el exitoso modelo neoliberal que brindó décadas de prosperidad se desintegró, pues no es sustentable ambientalmente y por el grado astronómico de desigualdad que creó. ¿A quién sirvieron, entonces, las décadas de prosperidad que le atribuye?

Vayamos a su propuesta de un año cero, del “Gran Reinicio” que permitirá una nueva manera de abordar el crecimiento económico y la gobernanza. En primer lugar se muestra una propuesta ambiental de convertir la neutralidad climática en 2050 en ley, lo cual es un progreso frente a los negacionistas, pero, como indica y analiza Brigitte Baptiste, si no aceleran, “el colapso que se avizora no se podrá afrontar a tiempo”.

Schwab nos explica que, gracias a los desarrollos tecnológicos de las más grandes transnacionales de la contaduría, las empresas podrán considerar como objetivos mensurables, medibles, los compromisos ambientales, sociales y de gobernanza. A esto suma los esfuerzos de las grandes instituciones financieras, que han venido defendiendo el capitalismo de partes interesadas (stakeholders). Con esta nueva métrica propone que el trabajo humano sea considerado al mismo nivel de un proveedor o un cliente, ignorando su condición esencial en la generación de riqueza y acumulación del capital. (Ver en esto a Piketty, para no tener que llegar a Marx). Aparentemente, propone aumentar los ingresos directos e indirectos de los trabajadores formalizados, pero olvida que hoy el 70 % de la humanidad en edad laboral vive del trabajo por cuenta propia o en la pobreza y el desempleo.

Si en lo ambiental compromete a los gobiernos con las limitadas metas del Acuerdo de París, en su reinicio del modelo económico marcado por la inteligencia artificial desaparecen la sociedad civil y la política. En la gobernanza del Estado no aparecen por ningún lado la democracia y los sujetos de derecho que la defiendan y profundicen. Son la economía y sus finanzas, articuladas por las nuevas tecnologías, la ciencia de todas las ciencias, que, según el ministro británico de Tecnologías, es una estrategia que cubre la infraestructura, las habilidades, las reglas y la ética del uso del Big Data, la seguridad cibernética, el apoyo al sector tecnológico, la digitalización de la industria y la digitalización del gobierno. De allí hay un paso para saltar a la automatización ingenieril del gobierno y la sociedad, que “permita reiniciar el mundo bajo la dependencia de la tecnocracia digital dirigida por elitistas autoproclamados” (James Corbett).

Año cero implica resetear, borrar la memoria de la sociedad e instalar ese nuevo orden mundial sin contar con la participación social y sin democracia. La pandemia, ahora con sus vacunas, fue el escenario perfecto para avanzar en esta delirante pero sustentada solución. Pero en el mediano y largo plazo requerirán de juventudes enajenadas, una sociedad deprimida y desmoralizada, y acudir a la violencia que sea necesaria con quienes se resistan.

Esta superación del neoliberalismo puede demorar en algo la crisis climática, pero aumentaría la subordinación, el control y la disgregación de las comunidades. Requiere desestructurar e individualizar aún más el mundo del trabajo, borrando su memoria histórica y sus acumulados sociales. Por lo que se requiere abrir la mente para no olvidar lo aprendido, fortalecer los vínculos sociales y comprender lo que oculta una estrategia donde el Estado es reemplazado por las grandes corporaciones. Considerando que al último Davos asistió el presidente Duque y asumiendo que entendió el mensaje, habrá que prepararse para resistir al intento de convertirnos en un piloto de prueba de esta artificial deshumanización.

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