El gran teatro del globo (I)

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Hay un poema de Robert Browning que se llama La aldea y la ciudad. El poeta enumera las muchas virtudes y excitaciones de la vida urbana, comparadas con la simplicidad y el tedio de la vida rural, como se las podía percibir desde el fragor de Londres o de Florencia en el siglo XIX.

Browning no sigue la costumbre romántica de celebrar el campo contra la ciudad, no idealiza la vida del pueblo contra la velocidad, la desmesura, el estruendo y el anonimato de la vida en la metrópoli, sino que nos muestra la ironía de que la vida urbana es excitante, prodigiosa y espléndida, pero casi inaccesible. Música, animación, asombro, inventos, novedad, espectáculo, cambio continuo, qué fascinante es todo eso: pero es caro, carísimo.

 

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