El grave impacto ambiental de la pandemia

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En las últimas semanas hemos recibido información sobre los efectos de la pandemia en la economía, en la salud mental y en el aprendizaje, entre otros. Pero hay un impacto adicional muy severo y tiene que ver con la parte ambiental, del cual poco se ha hablado.

El otro día vi un meme que mostraba olas de diferente tamaño relacionadas con un tsunami. La primera ola, la más pequeña, se llamaba “COVID”. La segunda, un poco más grande, estaba marcada como “Recesión”. La tercera, aún más grande, hacía referencia al “Cambio climático” y la cuarta, que era la más grande de todas, fue llamada “Colapso de biodiversidad”.

Si bien ha habido mejoras en la calidad del aire por cuenta de la menor producción de gases, se han incrementado los desechos y se ha reducido el reciclaje por cuenta del COVID-19. Reducir los gases de efecto invernadero de manera temporal no es una manera sostenible de ayudar al medio ambiente, así que no podemos estar satisfechos por ese resultado. Los vehículos, los aviones, las plantas de producción y en general la economía volverán a moverse de manera acelerada y el aire volverá a sus niveles habituales o peores, pero los efectos que está causando la basura pueden ser devastadores.

De acuerdo con el artículo “Los efectos indirectos del COVID-19 en el medio ambiente”, de Science of the Total Environment, en Estados Unidos algunas ciudades han suspendido sus programas de reciclaje por el miedo a que el virus se esparza en los centros de reciclaje. Por otro lado, en las naciones europeas, particularmente las más afectadas, el manejo de residuos está restringido. En Italia está prohibido que los residentes infectados separen sus basuras. Adicionalmente, algunas industrias alrededor del mundo han reversado la decisión de no usar empaques de un solo uso y utensilios desechables. Por ejemplo, una compañía de café muy famosa anunció que prohibía de manera temporal el uso de tazas reutilizables. Por su parte, el servicio de comida a domicilio se ha incrementado, lo que resulta en un aumento de los desperdicios domésticos, tanto orgánicos como no orgánicos. ¿Han visto la cantidad de empaques y subempaques que hay que retirar en cada domicilio que llega? A mí personalmente me indigesta y se me quitan las ganas de comer. Todo eso está siendo indirectamente acompañado por consecuencias como erosión, deforestación y contaminación del agua.

A esto se suman los efectos directos del COVID-19 en el medio ambiente. Uno de ellos es el desperdicio médico como resultado del incremento en la actividad médica. Según un estudio realizado por Hasan Eroglu sobre los efectos del COVID-19, en el periodo del pico epidemiológico en Wuhan, los hospitales producían un promedio diario de 240 toneladas de desperdicio médico, lo cual fue 6 veces mayor que en condiciones normales. Además, los tapabocas desechables, que están hechos para durar solo ocho horas, constituyen un problema ambiental muy serio, pues al estar hechos de polipropileno, un tipo de plástico, son muy difíciles de biodegradar en la naturaleza. A eso se suma la cantidad de papel que se desecha para secarse las manos y las botellas desocupadas de gel antibacterial. Y no es para menos. Era obvio que tener a todo el planeta usando de repente por lo menos uno o dos tapabocas diarios, lavándose las manos por lo menos cada dos horas y echándose gel antibacterial cada segundo que toca algo ajeno comenzaría a causar estragos en términos de desechos. Si hacemos el cálculo solo de los tapabocas, una persona que trabaje de lunes a viernes estaría generando un kilo de basura cada dos semanas por cuenta de desechar cerca de 30 tapabocas o más. De acuerdo con la revista Forbes, solo en un mes, China exportó cuatro millones de tapabocas, y si llevamos casi diez meses de pandemia mundial esto significa que hay por lo menos 40 millones de tapabocas rondando en las playas y suelos de todo el planeta.

Este es un problema aún mayor en América Latina y el Caribe que, de acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), produce 541.000 toneladas de basura diariamente y el 90% no se recicla.

Y no nos podemos olvidar de que el cambio climático sigue ahí, no se ha ido a ningún lado y puede tener efectos más devastadores que la pandemia. El problema es que los cambios ambientales se van dando de manera puntual alrededor del mundo y, por el momento, con impactos locales y no globales. Es evidente el incremento de incendios y de tormentas tropicales, al igual que el aumento en la temperatura promedio de los polos, y esto no lo podemos dejar de lado. Es evidente que la gran ola se nos viene y debemos hacer algo para detenerla.

El impacto de cada individuo sobre el planeta es muy significativo y hay muchas acciones que podemos hacer para reducirlo. Lo primero es tener la conciencia de lo que está pasando. Adicionalmente, hago un llamado al uso de implementos de protección y desinfección personal que sean reutilizables y de esta manera aportemos para mitigar los efectos en alguna medida.

Entre todos podemos sobrepasar las diversas olas que se nos avecinan si logramos trabajar en conjunto y reducimos el uso de productos desechables y nuestros impactos sobre el planeta.

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