Por: Mario Morales

El hambre dispara la agresividad

TENÍAN RAZÓN LAS ABUELAS: “BArriga llena, corazón contento”. Lo acaba de refrendar un estudio realizado en la universidad de Cambridge que probó que el hambre causa o incrementa la agresividad en la especie humana.

Menos mal que el equipo de investigadores es de origen inglés, y no porque los investigadores nuestros no sean serios, que los hay, sino que una conclusión de esta naturaleza presentada por compatriotas sólo hubiera polarizado el ambiente caldeado en el que sobrevivimos.

Para un sector de la opinión esa hubiese sido la prueba reina para refrendar que del hambre se nutren las causas objetivas del conflicto interno. Para otro, liderado por el apuleyismo, ese hubiese sido el síntoma de indigestión del mamertismo del Pc3 que ha mordido espacios en las universidades.

El estudio, más allá de los antojos ideológicos, deja conclusiones interesantes como que la ausencia de alimentos durante determinados períodos (no la dieta forzada y permanente de seis millones de colombianos) baja los niveles de una sustancia que se llama serotonina, lo que da lugar a la aparición del enojo. Eso explicaría los altos índices de peleas conyugales en los preámbulos de las comidas o en los tiempos de ayuno de los fines de semana.

La serotonina, según el estudio, controla las emociones, las respuestas sociales agresivas y los comportamientos violentos. Es la hormona del humor y, como si fuera poco, es la hormona del placer porque regula los niveles de tranquilidad y armonía. Parece hecha para algunos de nuestros gobernantes porque sirve para tratar a las personas con depresión y ansiedad y permite retomar el control a las personas propensas a la ira en épocas de decisiones. Además se da silvestre en frutas y vegetales.

¿Lo ven? Puede ser la solución a muchos de los males que nos aquejan e incluso una oportunidad de negocio. Mucho me temo que después de este hallazgo decaerán las ventas de gotitas de valeriana,  baba de caracol, feromonas y de las plantas que hoy se utilizan para biocombustibles.

Lo que deja ver entre líneas el estudio es que el camino para disminuir los comportamientos violentos pasa antes que por referendos, por el estómago. Quizá eso explica que Bogotá (sin hambre) haya ascendido siete puestos entre las mejores ciudades del mundo para vivir.

Pero bueno, todo eso ya lo sabían las abuelas: “Indio con hambre no piensa” sino que actúa y aquí en Colombia ya sabemos cómo.

www.mariomorales.info

 

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