Por: José Roberto Acosta

El hijo bobo

Y Grecia se salió con la suya.

Con una “quita” del cincuenta por ciento de su deuda, les hizo el mayor conejo en su historia a los bancos europeos, los cuales quedan gravemente debilitados, a tal punto que, por cuenta de ese fuerte aterrizaje en la contabilización de esa inevitable pérdida, quedan con un margen de solvencia cercana al cinco por ciento, cuando el requerimiento es de mínimo el 9%, para lo cual se les dio plazo hasta junio del próximo año para recuperarlo con una inyección que supera los ciento cincuenta mil millones de dólares, al tiempo que se provee al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera de un billón de euros para respaldar el endeble sistema financiero europeo.

Semejante tumbada de dinero se fraguó por las mentiras griegas en el momento de presentar la documentación requerida para entrar el club del euro, siendo mentirosa su información fiscal. Sin embargo, no sólo la mala intención de los políticos y técnicos helénicos es la responsable, sino también la holgura, indiferencia o estupidez de los banqueros que empezaron a prestar a manos llenas recursos a un país que desde hace años mostraba deficiencias estructurales en su economía. Lo que para un panadero es la venta de panes, para un banquero es el desembolso de créditos y ambos necesitan vender la mayor cantidad de panes y créditos. La diferencia es que mientras el panadero entrega pan hecho en su horno y elaborado con insumos propios, el banquero desembolsa recursos que no son propios sino de sus clientes, dineros de terceros. De cada cien pesos que un banquero presta, sólo diez pesos son de él, el resto son del público, por ello una pérdida del diez por ciento en sus créditos implica automáticamente la quiebra del banco y, por carambola, pérdida de respaldo para quienes depositaron sus recursos en él.

Grecia al final no resultó ser un hijo tan bobo, pues en últimas se va a quedar con los recursos de los “altruistas” alemanes que decidieron salvar a los bancos. Ahora el problema es de los bancos, quienes no dudarán en “socializar” dichas pérdidas generadas por la desbordada ambición de vender créditos. En ese trámite los bobos del paseo serán los contribuyentes alemanes. Al menos en Colombia no somos tan bobos, ¿cierto?

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de José Roberto Acosta

¿De bonos de agua a bonos de salud?

La confesión de Carrasquilla

Las mentiras del Fiscal General

Revocatoria en la calera

Riesgos en pensiones y cesantías privadas