Por: Lorenzo Madrigal

El hijo no deseado

El aborto no es tema de esta columna. Tiene bordes con lo ético, con lo biológico, con lo constitucional, que respeto muchísimo y, sobre todo, con las sensibilidades de género y los derechos de la mujer, siempre en trance de ser ultrajada sexualmente y, por si fuera poco, única responsable de la gestación humana.

Ese no es el tema. Claro está que yo pertenezco a la escuela de formación jurídica, en que se nos enseñaba que la vida comienza en el momento de la concepción. Dejémoslo ahí. Sólo quiero destacar la desoladora, pero al mismo tiempo acertada decisión que tuvo la madre de Steve Jobs, si no quería a su hijo, de entregarlo en adopción.

Miren ustedes lo que resultó. El ser humano sorprende siempre en sus posibilidades ilimitadas, finalmente creado a semejanza de Dios. La educación es muy importante, la buena crianza también, la herencia de tradiciones familiares aporta, sin duda. Pero, aun careciendo de algunos de estos factores, qué admirable capacidad la que le resta a una persona para compensar deficiencias y, como en el caso de Jobs, para llegar a metas beneficiosas para él y para la humanidad.

El esfuerzo de superación, que se vuelve imperioso, entrena la voluntad desde la infancia. Siempre oí decir que da mejor resultado humano, educar hijos en pobreza que en medio de la abundancia de bienes y caprichos. El dinero recibido a rodos y sin percepción de la dificultad, sólo conduce más tarde al despilfarro y a la bancarrota.

Jobs, no deseado, tuvo amables adoptantes, cuya escasa fortuna se consumió en la primera matrícula universitaria; abandonó los estudios, salvo los que tocaban con su afición tipográfica. Su iniciativa creó una empresa, que resultó exitosa (fue multimillonario a temprana edad) y de la cual, curiosamente, fue despedido. Decepción que sólo fue un obstáculo más para superar. Tropiezos como éste eran para él “amargas medicinas que un paciente necesita” (de su discurso en la Universidad de Stanford).

No fue propiamente mi personaje, porque yo pertenezco a épocas anteriores a la suya y soy algo negado para la tecnología, pero veo que Steve Jobs pasó por el mundo con sencillez y sabiduría, saltando por encima de los mayores tropiezos; bebé rechazado no únicamente por sus padres, sino también por sus primeros adoptantes, fue hombre de resultados imprevistos para la ciencia informática y el discurrir del mundo.

 

***

Lamento el fallecimiento de don Julio Mario Santo Domingo, cuya empresa, propietaria de este diario en su nueva etapa, ha sostenido la línea de tolerancia liberal con sus colaboradores.

Toleró ligeros dardos de mi parte y pude conocer alguna simpatía suya por mi trabajo; hoy siento no haber participado de su trato personal. La muerte es un destino común que nos une, como decía precisamente Steve Jobs. Oraciones en su tumba.

 

 

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