Por: Aura Lucía Mera

El hombre de paja

“Straw Man” le dicen a aquel que se presta a servir de muñeco que habla, gesticula y se mueve al antojo del ventrílocuo que lo maneja a su antojo. Coloquial y tropicalmente, por acá a hombres así los llamamos “hombres de paja”.

Se sabía que era el señalado por el Santo Olimpo. Era el único que, además de preparado y conocedor del país, reunía las condiciones mínimas para presentarse como candidato, el que sacaba la cara por el trío de marionetas. El elegido de antemano en ese casting de República Bananera.

Con Zuluaga, conocido popularmente como “movistar” por su peculiar forma de sonreír, el Ubérrimo tiene todas las de ganar, porque está seguro de que será el propietario del muñeco. Este hará lo que le ordenen. Ya desde su primer discurso, veintejuliero, patriotista, con gesticulaciones de comienzos del siglo pasado, impostando un tono de voz iracunda que más parecía de perro con peste brava, se declaró enemigo acérrimo del actual gobierno y sobre todo del proceso de paz.

Abramos el ojo. Su discurso neofascista, su verborrea de ultraderecha, su antagonismo primario ante toda idea que no se ajuste al pensamiento guerrerista y caudillista de su amo, para el que todo vale para conseguir resultados, son terroríficos.

Nadie en sus cabales puede estar en contra de un proceso de paz que sea el inicio para que los colombianos, campesinos, naturalmente, dejen de matarse. Para que se detenga el río de sangre. Para que conozcamos la verdad de miles y miles de familias, víctimas inocentes de las masacres realizadas por los paramilitares, muchas de ellas en estrecho contubernio con el ejército. Para que la guerrilla también deje de asesinar, secuestrar, extorsionar, mutilar y narcotraficar.

Con “el hombre de paja” y su dueño, más el inquisidor y otros magnates que viven de espaldas al país y cuyos únicos intereses son conservar sus feudos y volverse cada vez más ricos, sin importarles un comino la inequidad y la pobreza en que vive la mayoría de los colombianos, volveremos a retroceder a la época de las cavernas... Tal vez a esos horripilantes años cincuenta que dieron inicio al desangre entre hermanos.

Así como con el comunismo “...un fantasma recorría Europa...”, con el muñeco movistar y su dueño ya no es un fantasma el que amenaza a Colombia, sino la certeza de lo que sucederá si esta ultraderecha, llena de áulicos fundamentalistas, vuelve al poder.

Carlos Holmes Trujillo siempre fue el comodín. Ningún mérito para aspirar al poder. Amén de que su padre liberal, populachero y desabrochado debe estar revolcándose en la tumba al ver que su hijito y delfín está en las huestes de la inquisición. Pacho sabía que le harían pistola. Su temperamento desbocado, emotivo e impredecible no cuadraba para ser un “straw man”.

O nos ponemos las pilas los que creemos en una Colombia en paz, o no tendremos derecho a llorar sobre la leche derramada.

 

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