Por: Mario Fernando Prado
Sirirí

El Hotel Estación, abandonado

Durante la celebración de los 90 años de la fundación de la Cámara de Comercio de Buenaventura —una de las pocas entidades que en ese puerto no se ha dejado contaminar por la corrupción—, y bajo una gigantesca carpa colocada en el nuevo malecón, llamó la atención una tan bellísima como descuidada construcción.

Se trata del Hotel Estación, considerada la más icónica construcción de la ciudad puerto. Con una arquitectura neoclásica, se inauguró en el año 1925 y durante décadas fue el referente obligado del por entonces incipiente comercio del Pacífico.

Con un prontuario a nivel de huéspedes que incluyó todos los presidentes de la mitad del siglo pasado. Ahí pernoctaron, además, figuras desde Carlitos Gardel y Celia Cruz hasta Marc Anthony y Gilberto Santa Rosa, siendo epicentro de infinidad de actos sociales, políticos y económicos.

Empero, este monumento nacional padeció en los años 60 una total parálisis y estuvo durante dos décadas cerrado, a merced del abandono, hasta que Hoteles Estelar lo alquiló a su propietaria, la Gobernación del Valle,  entidad que lo restauró; y así funcionó durante otros tantos años hasta que lo devolvió, habida cuenta la urgente necesidad de hacerle inaplazables refacciones que debían correr por cuenta del arrendador, que por esas calendas no tenía cómo financiar tal inversión.

Fue así como se llamó a concurso a varios operadores, presentándose como único proponente la entidad que administra el Hotel Tequendama, quien ha hecho lo que buenamente ha podido, sin lograr que salga adelante, y hoy está deteriorándose en su arquitectura y en sus espacios generales, y con una competencia que le respira en la nuca.

El diagnóstico es preocupante y más aún el futuro que le espera, porque los actuales administradores no están en capacidad de asumir los costos que pide a gritos el Estación, y la Gobernación del Valle tiene demasiados compromisos como para meter plata buena en negocio malo, porque eso es lo que es un establecimiento que no puede competir con la hotelería del puerto, que si bien no tiene su tradición y “pedigrí”, ofrece a los huéspedes y comensales opciones más prácticas y económicas.

 

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