Por: Alvaro Forero Tascón

El huracán Iván (I)

“Lo que más me asusta en Colombia no son las Farc sino el populismo” sostiene el historiador Daniel Pecaut.

La gran paradoja es que el populismo de izquierda de Petro, que promete salvar al pueblo bueno de las élites corruptas que “le entregaron el país a los ricos”, le está permitiendo al uribismo lavarse el populismo de derecha con que ha ganado y mantenido su poder electoral. Porque, por primera vez, para ganar el uribismo no necesita dividir al país entre el pueblo bueno y “las élites corruptas que le entregaron el país a las Farc”, los gobiernos Pastrana y Santos y sus “corruptas coaliciones enmermeladas”. Enfrentando a Petro, el uribismo tiene por fin una amenaza real que le permite jugar el papel de los partidos tradicionales de derecha, sin recurrir al populismo del odio contra las élites políticas con las que pelea en elecciones para ganar, pero con las que cogobierna cuando llega la poder.

Cuando Gustavo Petro se pone de primero en las encuestas hace dos meses, apareció por carambola el fantasma del castrochavismo que el uribismo venía invocando con ansia. Lo necesitaba desesperadamente, pues sus éxitos electorales dependen de “combatir” enemigos, y el fantasma de las Farc iba a morir el 11 de marzo cuando se comprobara que en la democracia éstas eran un tigre de papel, y que “el país no se le había entregado a las Farc” como había sostenido populistamente por años.

Coincidió con el momento en que el uribismo había elegido candidato, que a pesar de meses en las noticias gracias a la consulta interna entre cinco precandidatos no superaba el 10 % en las encuestas. Las afugias electorales obligaban al uribismo a una consulta interpersonalista con Marta Lucía Ramírez para tratar de crecer y evitar que la candidata conservadora continuara subiendo en las encuestas. Gustavo Petro también necesitaba desesperadamente una consulta para no morir el 11 de marzo cuando podría hundirse su lista al Congreso. Pero su consulta había sido rechazada por Sergio Fajardo, Claudia López, Jorge Robledo, Humberto de la Calle, y finalmente Clara López. A última hora se inventó una consulta de uno, aparentemente una pantomima, pero que en realidad era una primera vuelta presidencial que, creía él, le permitiría demostrar que podía vencer a la derecha porque, sumados los tres contendores de esa consulta, no lo alcanzaban en las encuestas. Creía que si superaba en votos a la derecha, podía conseguir convertir la campaña en una competencia de dos, y absorber los votantes de Fajardo y De la Calle, que según las encuestas de la época lo podrían llevar a cerca del 50 % de la intención de voto.

La realidad fue que la amenaza Petro, como alega Pecaut, resultó más rentable electoralmente para la derecha que las propias Farc, porque hizo de aire cálido para catapultar a Iván Duque de 9 % a 56 % en las encuestas, el equivalente de que un huracán pase de categoría uno a categoría cinco en días. El reto ahora para el huracán Iván es mantenerse en categoría cinco hasta tocar tierra en las elecciones de primera vuelta, pero para eso faltan dos meses. Si bajara de categoría no ganaría en primera vuelta, y si a segunda no pasara Petro, perdería el alimento del miedo. Y habiéndole tomado 20 puntos de distancia, ya Petro dejó de ser una amenaza, y dejará de proveer aire cálido.

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