Por: Ramiro Bejarano Guzmán

El ilegítimo

SE EQUIVOCA URIBE, SI CREE QUE REpitiendo las elecciones purga el cohecho reeleccionista.

No son las elecciones de 2006 las que están en duda, sino la reforma constitucional de la reelección en un Congreso gobiernista, donde para vergüenza de la historia irrumpió Yidis Medina, la delincuente que el Presidente y sus subalternos aquerenciaron, a sabiendas de quien se trataba y de lo que estaban haciendo.

 El Presidente confunde su popularidad, con la legitimidad que debió rodear la reforma que permitió su reelección. Es un abuso utilizar un referendo para legalizar el crimen de haber reformado la Constitución con desvío de poder.

 Para que pudieran repetirse las elecciones de 2006, jurídicamente sería necesario que se declarara nula la credencial presidencial. Mientras eso no ocurra, repetir las elecciones donde nadie discute que Uribe ganó, es patentar su tercera reelección. Por eso el liberalismo y el Polo hicieron bien en anunciar que no le jalarán a la trampa del referendo, que sólo deberían acoger, si Uribe, responsable del enredo, no participa en la nueva elección.

Si en verdad Uribe quisiera una salida democrática, ha debido permitir que la Corte Constitucional revise la aprobación de la reelección, sin introducir un elemento perturbador como un referendo inconstitucional. Le habría quedado además fácil, teniendo en cuenta que varios magistrados usufructúan el delito de Yidis y otras yerbas del pantano. Entre otros, Manuel José Cepeda, cuyo padre es embajador en Francia, designado después de aprobada la reelección en la Corte, y, por supuesto, Nilson Pinilla y Mauricio González, postulados durante el segundo mandato. Todos están impedidos para lo que tenga que ver con la reelección.

De otro lado, el Presidente primero intentó arrodillar a la Sala Penal para que fallara contra Yidis, pero sin que lo tocaran a él y a su cohorte. Como no lo consiguió, respondió con injurias la decisión legal de la Corte Suprema, de trasladar a la Corte Constitucional y a la Procuraduría su fallo condenatorio contra la ex parlamentaria.

La tesis del Gobierno, según la cual la Sala Penal condenó a los ministros sin haberlos oído ni vencido, además de que es un ex abrupto jurídico —porque ninguno ha sido condenado, pues lo que hubo fue una simple remisión de copias para que otras autoridades hagan lo suyo—, reproduce la teoría que casi nos imponen durante el 8000, de que para condenar a alguien por recibir dineros de los barones de la droga, era necesario que previamente el aportante hubiese sido condenado por narcotráfico. Ahora pretenden que para condenar a Yidis por cohecho, sea menester que estén condenados también los ministros. ¡Vaya torcida aplicación del derecho!

Descalificar a la más alta jerarquía de la justicia ordinaria, sindicándola hasta de prestarse al “terrorismo”, o de prejuzgar a quien no ha juzgado, o mandando a un ministro sindicado o al Comisionado de Paz a denunciar penalmente a los magistrados esgrimiendo artificios y rumores, es la señal de que estamos en manos de un sátrapa.

 A propósito de la denuncia de Luis Carlos Restrepo contra los magistrados de la Corte Suprema, por sus supuestas cercanías con Giogio Sale o Ascencio Reyes, por qué no lo hizo antes, o por qué no incluyó, por ejemplo, al magistrado José Alfredo Escobar, el de los famosos “botines”, amigo de Uribe. ¿ Con qué autoridad moral Uribe critica la justicia selectiva que le enrostra a los magistrados?

El nuevo ministro, Fabio Valencia Cossio, por más que pretenda manosear al presidente de la Corte Suprema o dividirla para caerle a su Sala Penal, tendrá que transitar con cuidado su propuesta de reformar la justicia, porque lo único que falta es que en ese revolcón le cobren a la Corte la audacia de cumplir la ley. Deplorable que el nuevo funcionario no haya  iniciado su gestión haciendo las paces, sino disparando con regadera. Y eso que este era el conciliador.

Y ahora que el procurador Maya con el pliego de cargos a Diego Palacio, Sabas Pretelt, Jorge Noguera y José Felix Lafaurie respaldó a la Corte Suprema, no sería extraño que Uribe se inventara otra denuncia o más referendos. Es su estilo, propio de un dictadorzuelo, que no tolera ser juzgado.

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