Por: Lorenzo Madrigal

El incendio de la anaconda

Sin ánimo de lastimar la extraordinaria producción “El sendero de la anaconda” de Caracol Televisión, cabe comparar la percepción de aquel río, el Apaporis (de hermoso nombre), sinuoso y en ocasiones “anchuroso y profundo”, como pudiera describirlo José Eustasio Rivera, con la desolación que produce ver arder el llamado pulmón del mundo, en la selva amazónica.

En cuanto a la película, que muchos han visto y admirado, no es propiamente una cinta de acción, diría que lo es más bien de inacción por lo placentero de verla en horas serenas, como he podido hacerlo ya dos veces en el hogar. Esas imágenes son por sí mismas un viaje, una penetración en la selva nuestra, amazónica, a donde posiblemente no llegaremos nunca y que es, a decir del propio narrador, Wade Davis, donde está el futuro de Colombia, una vez superadas las calamidades actuales.

Si la fotografía es excelente y esforzada, aérea muchas veces sobre el serpenteado río, la música, de creación original, acompasa perfectamente el murmullo de la selva, que bien le parece al relator la evolución trabajando a toda máquina. “Es el taller de Dios”.

Duele ver, despertando del cine, la cruda realidad, la de una selva virgen, salud de la humanidad, destruyéndose en el fuego. Y la causa, no establecida, pero imaginable, estaría en el hombre, pero nunca en el hombre aborigen que ha usado, como es natural, el fuego en múltiples ocasiones, pero sin descuidar a la madre tierra.

Este daño ecológico de dimensiones es atribuido a algún desorden humano, aunque en El Elíseo se piensa que Bolsonaro, a quien nadie defiende, llegó al poder con una tea encendida. Otros hay que han hecho correr el nombre del presidente brasilero sólo por mostrarse enemigos de la extrema derecha.

En esta América los ánimos están incendiados, no se diga en Colombia, donde a la rencilla política se le añade por estos días el perecimiento forestal que también nos consume y no sólo en alguna parte amazónica, sino en el Tolima y otras regiones, con miles de hectáreas carbonizadas.

Ante todo debemos preocuparnos por que se remedie ese desastre natural, y esperar que así sea; ahora bien, si aún podemos ver la cinta del Amazonas en ese primer día de la creación, hagámoslo por la paz del espíritu. Como prosa, atravieso la anécdota del explorador residente en la manigua, quien optó por extraerse el apéndice sano, porque seguramente pensó que una apendicitis en la selva es algo tan peligroso como la anaconda.

***

Pienso que Duque lo está haciendo bien. Una prisión de Uribe alegraría, en venganza, a sus enemigos políticos y judiciales, al tiempo que ocasionaría peligrosa conmoción en todo el país. Para el mundo la noticia sería: “Preso Uribe”, “la guerrilla indultada”.

Le puede interesar: "El Amazonas se quema y todos tenemos la culpa" 

877759

2019-08-26T00:00:22-05:00

column

2019-08-26T11:13:52-05:00

[email protected]

none

El incendio de la anaconda

26

3240

3266

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Lorenzo Madrigal

Desproporción

La fuerza del error

Dos fechas de octubre: 8 y 27

El turno es para otros

De la guerrilla a la guerra