Por: Jorge Eduardo Espinosa

¿El incomprendido?

La revista Semana lo llamó El Incomprendido. Las encuestas lo muestran como el alcalde peor calificado del país. Su alcaldía parece precipitarse hacia el barranco mientras los comités que buscan revocarlo van ganando seguidores y apoyos. Hablo de Enrique Peñalosa, alcalde de Bogotá, que la semana pasada en entrevista con Cecilia Orozco en este periódico dijo estar muy ocupado para pensar en la revocatoria. Luego aclaró que sí le preocupaba, pero que su tarea fundamental es gobernar a Bogotá. ¿Es Peñalosa un incomprendido? ¿El problema esencial de su alcaldía es que su genio urbanístico es del siglo que está por venir y los ciudadanos, en su infinita torpeza, no han logrado comprenderlo? ¿Por qué parece que el alcalde cada día se hunde más entre el barro? Decía Don Francisco de Quevedo que “ruin arquitecto es la soberbia, que los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos”. De pronto hablaba Don Francisco del Peñalosa de su tiempo. Y es que en la política, mucho más que el ser, el parecer es lo que cuenta.

No puede uno dejar de sentir, como ciudadano, que el alcalde menosprecia todo lo que ocurre a su alrededor. Pasó así con el debate, tan complejo y tan técnico, de la Reserva van der hammen. Su asesora de comunicaciones de aquel momento, Luz María Sierra, se lo advirtió: tenga cuidado con las palabras, que mucho valor tienen. La reacción de Peñalosa al consejo de Sierra fue decir, como si tal cosa, que no entendía por qué tanta indignación si esa dizque reserva no era más que un potrero. Luego, cuando las cosas empezaron a complicarse, afirmó sin sonrojarse que el grupo de expertos que “creó la reserva no era un panel de expertos tan expertos”. Con Peñalosa no hay debate, hay descalificación y soberbia. El alcalde, cuando se queda sin argumentos, reduce la discusión a un argumento de autoridad: es que yo he estudiado mucho y llevo años preparándome para esto, luego tengo razón en todo. Así, sin más, sin matices. En este sentido, decir que Peñalosa es un incomprendido es una torpeza, es excusar al alcalde y endosar toda la culpa a la ciudadanía, que no sabe, que no entiende, que no es “tan experta”.

Y así son algunos de los áulicos del alcalde. Los ideólogos de la fundación azul Bogotá, que busca evitar la revocatoria, pensaron que le ganarían de viveza al sistema, que ellos tan inteligentes y tan sagaces, podían inscribir un comité revocatorio a punta de mentiras y engaños “dizque” para demostrar que el proceso de las revocatorias es inválido. La registraduría, con razón, denunció penalmente al promotor de la parodia acusándolo de fraude procesal. Los señores, en un ataque de soberbia, concluyeron que la mejor manera de defender a Peñalosa era cometiendo un delito. Defender al alcalde es legítimo, tener una fundación que trate de hacer contrapeso a la revocatoria es también un derecho ciudadano. Mentir y engañar no lo es.

El alcalde, entonces, no es ningún incomprendido. Es al revés: es él quien no ha entendido nada. Es cierto que un alcalde no es mejor por ser muy popular, y que una alcaldía no es un reinado de belleza o un concurso de carisma. Pero la gobernabilidad de un alcalde que cree, y que dice, que todos salvo él son unos ignorantes y unos poca cosa, solo puede empeorar con el paso de los días. Las maneras en política son cada día más importantes, y el alcalde no lo ha querido entender. Y es que no es un delito que Peñalosa tenga un proyecto de ciudad que incluya la urbanización de algunos terrenos de la van der hammen, ni que crea que Bogotá necesita la venta de la ETB para recibir unos recursos, ni que sea un defensor incondicional de Transmilenio. Buena parte de todo eso lo sabíamos los bogotanos antes de la elección. No es un secreto que a Peñalosa no le gusta el metro y que prefiere los buses, no es un secreto que desde su primera alcaldía trató de urbanizar la reserva, no es un secreto que le gusta privatizar y que cree, por principio, que los subsidios son problemáticos. Pero todo eso tiene que conciliarlo, discutirlo, modificarlo si las circunstancias lo requieren. Los ciudadanos, alcalde, no olvidan que usted prometió el metro, y que lo dijo una y varias veces. Y cada día que pasa el metro se ve más lejano. Por ese camino, el de la soberbia y el menosprecio en cada entrevista y cada declaración, el único desvío posible será el de la revocatoria. Reflexione, alcalde, antes de que sea demasiado tarde.

@espinosaradio

 

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