Por: Mauricio Rubio

El interpretador, la izquierda y el juicio al guionista

Las explicaciones que damos sobre nuestras conductas dependen de una mezcla de conciencia, recuerdos, expectativas, situación social y entorno físico.

Para sintetizar la información existiría un sistema cerebral, que Michael Gazzaniga denomina el interpretador, encargado de elaborar una historia coherente de nuestras acciones y hacernos creer que actuamos correctamente. Localizado a la izquierda del cerebro, el interpretador suministra permanentemente explicaciones de los acontecimientos.

De la observación de personas con los hemisferios cerebrales desconectados surgió la idea del interpretador que construye teorías para asimilar lo percibido como un todo integrado y con sentido. Si a un paciente le presentan dibujos de eventos comunes, como bañarse o cocinar, después otra serie de figuras y le preguntan a cada hemisferio cuáles ha visto antes y cuáles no, el izquierdo suele decir que recuerda figuras no vistas previamente simplemente porque encajan en el esquema que ha construido alrededor del evento. El interpretador no tiene inconveniente en acomodar los hechos a la narrativa que va construyendo.

El de Gazzaniga es un mecanismo cerebral, pero se puede proponer una extensión para la sociedad colombiana, en la que también se ha consolidado un interpretador situado a la izquierda.

Un incidente ilustrativo de cómo una selecta minoría pretende monopolizar el relato e interpretación del conflicto fue el juicio a Gustavo Bolívar, guionista de los Tres Caínes, en un espacio televisivo memorable por su aroma soviético. “¿Estamos listos para contar la historia de los Castaño en TV?” fue la trascendental pregunta que se hicieron varios intelectuales. “Yo no veo los canales nacionales, lo confieso de entrada” fue el abrebocas desde el banco acusador. “Yo me senté juicioso el primer día, el segundo día y debo confesar que no resistí el tercer día” anotó otro inquisidor mejor informado sobre el guión. En la misma semana que empezó a ver la serie, la anfitriona del evento optó por “no volverla a sintonizar” y después hizo pública su decisión.

Como este enjuiciamiento tuvo lugar tras sólo cinco capítulos de los setenta y cinco previstos, el libretista invitó a sus inculpadores a un debate después de la serie. Se supo entonces que el lío no era sólo el dramatizado sino la programadora RCN: por no tener sensibilidad social, ni haber mostrado la actitud correcta durante el gobierno Uribe. “El canal ha adolecido de falta de crítica y se ha plegado mucho al poder”.

“Absolutamente no estamos listos para contar esa historia, porque es muy reciente, porque las víctimas de los Castaño están vivas”. Tan categórica sentencia por la misma época de publicación de la Memoria Histórica, centrada en esas víctimas, lleva a preguntarse si la narración del conflicto es prerrogativa de un exclusivo círculo o si el pecado fue atreverse a lanzar un dramatizado con audiencia masiva sin el correspondiente imprimatur.

Las negociaciones en Cuba exigen unísono y el guionista de los Tres Caínes, con “Sin tetas no hay paraíso” en su prontuario, es algo díscolo y podría no decir lo que toca. La inquietud la hizo explícita desde antes del juicio uno de los interrogadores al preguntarse si la serie “entorpecía, ideológicamente, el proceso de paz que avanza en La Habana”. Para no revictimizar, ni estigmatizar, ni sabotear los diálogos se requieren filtros, consensos, eufemismos y la prudente guía de quienes sí conocen los requisitos de una reconciliación y saben cuándo estaremos listos para ver dramatizados de los capos en TV. Aunque aún no está maduro el mecanismo de control que implícita pero intensamente añoraron los acusadores, se puede intuir que no será censura autoritaria sino un dispositivo sensible, tolerante, diverso, progresista y democrático.

Al final de este tribunal de opinión el inculpado, contra las cuerdas, pidió clemencia: “yo he militado en la izquierda toda la vida, me he considerado un tipo de izquierda, ustedes me conocen”. Gustavo Bolívar debió aprender que en Colombia no basta sentirse de izquierda para poder decir algo sobre los paramilitares sin enfrentar la aplanadora de un interpretador ya bien posicionado.

Referencias y videos del juicio

 

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